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UNA JOYITA PARA CONOCEDORES

15/11/17 — POR

La puesta en escena de Luis Ortigoza para «Raymonda» convierte al Ballet de Santiago en la única compañía sudamericana que tiene esta obra en su versión integral. Con ella, el conjunto completa el quinteto fundamental que guarda la tradición de la danza clásica. Las otras son «El lago de los cisnes», «La bella durmiente», «Cascanueces» y «La Bayadera».

Por Marietta Santi

Fotos Patricio Mello

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Para aggiornar y agilizar la obra, Luis Ortigoza acortó la extensa coreografía original, llevándola de tres actos a sólo dos. y reemplazó la pantomima por la danza. Fotos Ptricio Mello

El 19 de enero de 1898, a dos meses de cumplir 80 años, el coreógrafo francés Marius Petipa (1818- 1910) estrenó «Raymonda», en el Teatro Mariinski de San Petersburgo. El legendario artista (responsable de la era del gran ballet ruso y de títulos que siguen conmoviendo a los balletómanos de todo el mundo) depositó en su última obra todos sus conocimientos, creando una especie de compendio escénico de la técnica. Ese dato, más la actualidad que cobra su temática (el enfrentamiento entre musulmanes y el mundo occidental), hacen que su estreno con el Ballet de Santiago en el Teatro Municipal, en la versión del ex Primer Bailarín Estrella Luis Ortigoza, sea un acontecimiento para los seguidores de la danza clásica.

Ortigoza, actual Asistente de Dirección de esta compañía que lidera Marcia Haydée, precisa que «Raymonda» es “uno de los grandes clásicos que se deben rescatar porque, a mi entender, posee varios factores que son importantes y atractivos: la coreografía, la música, los personajes, el amor, la rivalidad, etc. Fue el último gran ballet de Petipa y el primero que hizo con el compositor Alexander Glazunov (1865-1936). Tchaikovsky ya había muerto y la llamada ‘era Petipa’ (TchaikovskyPetipa) había alcanzado el perfeccionamiento del estilo”.

A las particularidades dancísticas se suma un elemento extra: su arraigo histórico. En la época de su creación, la Rusia Imperial llevaba a cabo una política de expansionismo en Asia. La guerra ruso-turca, que se libró entre 1877-1878, también conocida como la Guerra de Oriente, tuvo sus orígenes en el objetivo del Imperio ruso de conseguir acceso al mar Mediterráneo y liberar del dominio otomano a los pueblos eslavos de los Balcanes. En este sentido, no parece casual el enfrentamiento entre Oriente y Occidente presente en «Raymonda», que además considera personajes históricos, como el rey Andrés II de Hungría y el cruzado Jean de Brienne (que ama a la protagonista), ambos líderes de la Quinta Cruzada (1217-1221). Y si lo histórico resultó una buena inspiración para la trama del ballet, también lo fue el Modernismo en boga, corriente estética fascinada con la reelaboración de motivos exóticos, desde las estampas japonesas a los azulejos de origen árabe.

Por todo esto, «Raymonda» es mucho más que la simpleza de su argumento, escrito por la condesa Lidiya Pashkova, columnista y socialité. En la historia, que transcurre en la Francia de las Cruzadas, Raymonda está de cumpleaños y su tía, la condesa Sybile, prepara las celebraciones en su palacio. En medio de las doncellas y de los caballeros, un mensajero anuncia que Jean de Brienne, el prometido de la joven se detendrá en el castillo, pero deberá partir de inmediato a una nueva cruzada. Por eso no podrán concretarse sus bodas.

Raymonda sueña con su amado, pero éste se transforma sorpresivamente en Abderakhman, un sarraceno (musulmán) que intenta seducirla, visión que la despierta horrorizada. En la fiesta de cumpleaños, ante su espanto, el sarraceno hace una entrada triunfal, con un gran séquito y valiosos presentes. No trepida en pedirle la mano y, ante su rechazo, amenaza con raptarla. En ese punto llega el caballero, salva a Raymonda y se enfrenta a su rival en un duelo. Finalmente, el cruzado y la joven se casan en una fiesta donde abundan las danzas húngaras.

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El último y complejo gran ballet de Marius Petipa enfrenta a musulmanes y cristianos en una historia ambientada en la Edad Media. Romina Contreras y Katherine Rodríguez se alternarán en el rol de la protagonista desde el 25 de este mes en el Teatro Municipal de Santiago.

JÓVENES PROTAGONISTAS

Es imposible pasar por alto el delicado trabajo realizado por Marius Petipa en esta pieza, donde concentró los elementos más importantes de su estilo: el purismo de las líneas, la complejidad de las variaciones, los alados port de bras y las danzas exóticas que tanto le gustaban (españolas y húngaras en este caso). Inclusive, en la escena del sueño de Raymonda repasó el estilo romántico, poco apreciado por él.

Luis Ortigoza es claro en este punto: “Muchos historiadores coinciden en que el Grand pas Classique Honroso del final del ballet, la sobriedad de sus líneas, el port de bras y la musicalidad utilizada lo convierten en una verdadera obra maestra, y testamento para las futuras generaciones”. A eso suma que, si bien la estructura es la misma utilizada por Petipa en sus ballets anteriores, en Raymonda encontramos el rol más extenso para una bailarina (superando a Aurora en «La Bella Durmiente»), con seis variaciones, pas de deux, pas d’action, codas etc. “La dificultad técnica es mayor, ya que cada variación es una composición musical diferente y, por ende, se necesita abordarlas desde diferentes movimientos, dinámicas y técnicas. En el rol de Jean de Brienne pasa lo mismo. Si bien no tiene tantas variaciones, el intérprete debe tener la capacidad de bailar variaciones y grandes pas de deux”, agrega el coreógrafo.

Desde una lectura actual, Ortigoza ha puesto su sello en «Raymonda», a cuya protagonista describe como una muchacha enamorada tanto de Jean de Brienne como del amor, inquieta y en busca de un ideal. Uno de sus focos es hacer bailar más a los hombres, cosa que era impensable en la era de Petipa y que ya hizo Rudolf Nureyev en su revisión de la pieza, que mostró por primera vez en 1964 en el Festival de Spoleto en Italia, con el Royal Ballet de Londres. La versión definitiva la estrenó en la temporada 1983-84 del Ballet de la Ópera de París. “Para mí, Nureyev fue un genio único e irrepetible, que valorizó al bailarín y le dio un lugar que antes sólo era para las figuras femeninas, por eso revolucionó el ballet. Obviamente, para mí es un modelo a seguir y una inspiración, porque gracias a él este arte tomó otra dimensión. Además, fue uno de los primeros en hacer nuevas versiones de «Raymonda» , lo que hizo que la gente en Occidente conociera el titulo”.

En ese espíritu, Ortigoza confirma que su sello es la valorización masculina: “Hago bailar mucho más a los varones de lo que originalmente se hacía en 1898. También actualizo los personajes creados como roles de carácter y los hago bailar, como sucede con Los Trovadores”. Así, Abderakhman, que en la creación de Petipa se expresaba mediante la pantomima, en esta puesta en escena se despliega a través de la danza. Otro punto abordado por el coreógrafo es la agilización de la trama. Para eso ha realizado una minuciosa edición: “La versión de Petipa es extremadamente extensa, y creo que actualmente hay que contar la historia de un modo más directo y rápido. He quitado a La Dama de Blanco (en el original aparece en el sueño de la protagonista), porque, para mí, no aporta mucho, además de ser un rol no bailado. De hecho, se sacó en la última versión del Ballet Bolshoi”. Grandes bailarines han protagonizado esta obra desde que fuera estrenada por Pierina Legnani (Raymonda) y Sergéi Legat (Jean de Brienne) a fines del siglo XIX. Entre ellos se cuentan Rudolf Nureyev, Margot Fontaine, Ludmila Semenyaka, Gelsey Kirkland, Elisabeth Platel, Paloma Herrera, Julio Bocca, Marcelo Gomes, Ángel Corella, Irek Moukhamedov y Tamara Rojo.

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Emmanuel Vázquez y Romina Contreras.

Para su versión, que se estrenará el 25 de noviembre, Luis Ortigoza escogió a primeras figuras jóvenes del Ballet de Santiago: Romina Contreras, Primera Bailarina, hará pareja con Emmanuel Vázquez, solista; y Katherine Rodríguez, también solista, bailará con Lucas Alarcón, Primer Bailarín.

El por qué de la elección es muy simple: “Son bailarines con un talento único y que en mi opinión ya deben estar haciendo estos roles. Son jóvenes con muchas ganas de aprender y de dar lo mejor de sí mismos, poseen la técnica y la faceta artística necesarias para encabezar este título. Siento que alguien tiene que darles el empujón para avanzar más allá. Cuando yo tenía la edad de ellos muchos coreógrafos confiaron en mí, además, humildemente aspiro a entregarles mis conocimientos, mostrándoles que hay un universo enorme y que tenemos la responsabilidad de preservar correctamente el ballet clásico”, precisa.

Aparte de todo lo dicho, la música de Alexander Glazunov merece unas líneas. Este compositor y director de orquesta fue alumno de Nikolái Rimski-Kórsakov. Terminó su primera composición a los 14 años y la primera de sus ocho sinfonías fue estrenada en 1882, cuando tenía 16. Poco reconocido en el siglo XX, fue significativo en su tierra porque reconcilió el nacionalismo y el cosmopolitismo en la música rusa. Tendió hacia la grandeza épica de Alexander Borodin mientras absorbía otras influencias, como el virtuosismo orquestal de Rimsky-Kórsakov y el lirismo de Tchaikovsky.  “La música es maravillosa, totalmente admirable. Glazunov ha conseguido, a través de la estilización, introducir una atmósfera oriental para evocar a Abderakhman; con el arpa nos lleva a la Provenza, o con las formas de vals a lo más clásico. Menciono también la estilización de las danzas de carácter y el Gran pas Classique Hongroise, único en su estilo, que valorizan el ballet mucho más aún”, enfatiza Luis Ortigoza. «Raymonda» se estrenará con la Orquesta Filarmónica a cargo del maestro Pedro Pablo Prudencio.

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TUTÚS A LA MANERA ORIGINAL

El desafío del vestuario y de la escenografía de «Raymonda» lo asume Pablo Núñez, reconocido por su capacidad de crear atmósferas con telas y colores. “Se trata de un ballet difícil, no es un cuento de hadas y no es muy conocido; además, está ligado a momentos históricos, por lo que, de algún modo, uno está acotado. No es una época muy atractiva para un ballet, que debe tener más fantasía”, dice Núñez. Como siempre, el artista partió diseñando la escenografía: “El concepto es el aislamiento de la protagonista, que ha vivido toda su vida encerrada en un castillo. Si tienes un cuento como «La Bella Durmiente» o «El Lago de los Cisnes», existe más espacio para la fantasía. Pero acá había que crearlo, porque el ballet debe hacer soñar, no hay intelectualizaciones en esto”.

Explica que la idea no es que el espectador vea una jaula, pero sí que sienta el encierro de los espacios interiores: “Usé ornamentos góticos que, de alguna manera, forman una jaula, y todo es dorado en la escenografía, menos el sueño de Raymonda, que sucede en un jardín. Éste se ha trabajado con transparencias, para que se vea que el castillo está siempre presente. La vegetación –árboles, flores y arbustos– fue sacada de tapices medievales”. Núñez describe que hay pocas ventanas y que en el fondo se ve permanentemente un muro labrado, incluso en la escena del jardín. En el sueño aparece la media luna, símbolo musulmán, y cuando el sarraceno entra en escena, caen unos escudos con motivos orientales. Luego se cubrirán con la cruz de los caballeros.

Sobre el vestuario, el diseñador precisa que trabajó con distintas paletas para lograr una diferencia entre el mundo musulmán y el cristiano. Así, “el de los sarracenos es más oscuro y misterioso, con fucsias, verdes, azules y morados. El otro es más luminoso, con colores más claros”. Un punto importante es el vestuario de las bailarinas, ya que usarán un tutú a la manera de los de fines del siglo XIX, cuando se estrenó el ballet:

“Son estilo Degas, como una pollera, con once capas de tul. Una persona de vestuario fue a la Scala de Milán, que reconstruyó el ballet original, a ver cómo estaba hecho. Lleva un tul muy suave, otro medio y uno más duro, y van intercalados. Cada tutú es una joyita. En colores, Raymonda va del damasco al dorado”.

«RAYMONDA» Teatro Municipal de Santiago. Entre el 25 y el 29 de noviembre. Entradas: entre $3.000 y $47.000.

Comentarios

  • "Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes", Isaac Newton (1642 - 1727).
  • "No creas todo lo que piensas", Byron Katie (1942), conferencista estadounidense.