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UNA NUEVA ÓPERA CHILENA

02/06/18 — POR

Seis años después de su comentada «Renca, París y liendres», el compositor Miguel Farías se prepara para un desafío aún mayor: «El Cristo de Elqui». Su más reciente creación para la escena, inspirada en dos novelas de Hernán Rivera Letelier, tendrá su estreno mundial en junio en la Temporada Lírica del Municipal de Santiago, que no ha ofrecido un debut similar de un título local desde hace más de cuatro décadas.

Por Joel Poblete

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PH MAXIMILIANO SOTOMAYOR

Un personaje que en el último tercio de la obra se pone a reflexionar sobre la realidad mientras lee el diario en el baño, en una mezcla de canto y declamación. Una candidata política que en tono cómico entona un paródico discurso tratando de convencer a votantes desprevenidos. Y la mismísima Angela Merkel repasando la situación europea e invocando la austeridad, mientras a ratos suenan reconocibles melodías de autores como Mozart, Wagner y Tchaikovsky. Son algunas de las situaciones que muestran las incursiones operísticas de uno de los compositores chilenos más destacados de los últimos años: Miguel Farías (1983), cuyas obras han sido interpretadas por importantes agrupaciones, incluyendo las orquestas Sinfónica de Chile y la de la Radio y Televisión Española.

Nacido en Venezuela, formado en la Universidad de Chile y con estudios en Suiza y Francia, premiado internacionalmente y actualmente académico en la Universidad Católica, Farías está cada vez más cerca de la que no sólo será su incursión más exigente a la fecha en el mundo de la ópera, sino además un verdadero hito en la escena musical de nuestro país: en junio, «El Cristo de Elqui», su nueva creación, con libreto del sociólogo y ex pre-candidato presidencial Alberto Mayol, basado en textos del popular novelista Hernán Rivera Letelier, tendrá su estreno mundial como segundo título de la Temporada Lírica del Municipal de Santiago, que no ha tenido un debut absoluto como éste en más de cuatro décadas.

Porque en los 160 años de este Teatro, los títulos chilenos estrenados como parte de su temporada oficial de ópera no superan la docena, desde 1895, cuando debutó «La florista de Lugano», de Eleodoro Ortiz de Zárate, hasta la última, «Ardid de amor», de Roberto Puelma, que tuvo su primera presentación en 1972. Y si bien posteriormente se han ofrecido otras óperas nacionales, como «Fulgor y muerte de Joaquín Murieta», de Sergio Ortega (1998 y 2003); «Viento blanco», de Sebastián Errázuriz (2008 y 2009) y, más recientemente, «Papelucho», del mismo autor (2015), estos casos no fueron estrenos mundiales de la temporada lírica oficial.

CONTROVERTIDO DEBUT

La primera incursión “con todas las de la ley” de Farías en la ópera fue en junio de 2012, cuando su «Renca, París y liendres» se estrenó en el Teatro Escuela de Carabineros. Una historia que buscaba reflejar las injusticias y desigualdades de la sociedad chilena, con personajes de nombres tan singulares como el Caeza ‘e Chancho, la Wuatona Metalera, el Kiltro Warén y el Flaite Ilustrado. En un hecho prácticamente inédito para una ópera chilena, la creación se vio envuelta en la polémica y el interés mediático por los reclamos de las autoridades de Renca, quienes, sin haber visto aún el espectáculo, manifestaron su molestia por la imagen negativa de su comuna que podía dar el título, y llegaron incluso a protestar fuera del teatro. Pero, más allá de eso, los expertos recibieron con entusiasmo la partitura, y la producción terminó siendo distinguida por el Círculo de Críticos de Arte y ganando el Premio Altazor.

Seis años después, Farías valora positivamente esa primera incursión: “De partida, fue raro dar tanto que hablar y generar polémica con una ópera contemporánea. Igual el alegato finalmente nos sirvió, pero esa obra no se hizo con el afán de polemizar. Lo que logró fue soltarme la pluma, saber que lo que realicé ahí es más o menos la manera en que hago y voy a hacer ópera”.

Su acercamiento al género fue a los 14 años, cuando aún estudiaba en el Instituto Nacional y empezaba a formarse como compositor. “En esa época escuchaba mucho Wagner, oía una y otra vez la tetralogía «El Anillo de los Nibelungos», ¡esas eran mis fiestas adolescentes! Siempre quise escribir una ópera. No soy un erudito ni experto en el género, pero me gusta mucho. Al componer, siempre me ha interesado ‘la música más allá de la música’, ya sea con vínculos con la sociedad o vínculos culturales… y por donde se la mire, la ópera es un compendio de eso”.

Tras la experiencia de «Renca, París y liendres», su afán de componer para el teatro lírico se ha acrecentado, con diversas y muy particulares incursiones en diversos formatos y escenarios, como la Estación Mapocho, donde ofreció «La seducción de Angela»; o en Viña del Mar, «Ubu candidato», parte de una serie de composiciones que él llama “óperas de bolsillo”, de poco más de diez minutos de duración, cantadas por un solo intérprete, con pocos instrumentos, “y donde el escenario pueda ser una mesa y una silla, por ejemplo, para poder montarla en cualquier lado, algo que no se podría hacer con una ópera más tradicional”. Y así hay otros cuantos proyectos más que esperan ver la luz, desde la ópera de cámara «Maquiavelo encadenado», ya compuesta pero que desea reescribir. Incluso está pensando una obra centrada en Donald Trump, que quizás haga fuera de Chile.

En su interés ha influido mucho la colaboración con su amigo y libretista Alberto Mayol: “En óperas como las que yo hago, contemporáneas y con música más flexible, de alguna manera uno tiene que tener cierto control del libreto o éste debe ser el resultado de reflexiones en conjunto, ese proceso y la relación libretista-compositor para mí es vital. No sólo de juntarse a trabajar, sino a nivel humano”.

Ahora, el desafío que ambos emprenden con «El Cristo de Elqui» es aún mayor y significativo y, a menos de un mes de su estreno, Farías está consciente de ello.

La obra –que tendrá cinco funciones, entre el 9 y el 16 de junio– está dividida en cuatro actos y un prólogo, con una duración de una hora y media (considerando un intermedio). El elenco contempla una docena de solistas, incluyendo algunos de los artistas líricos más destacados de la escena local, encabezados por el barítono Paticio Sabaté, como el Cristo, y la mezzosoprano Evelyn Ramírez, como la prostituta a la que todos conocen como la Reina Isabel. El relato se ambienta en el desierto y en las pampas del norte chileno, y sus personajes son mineros, prostitutas, religiosos y la figura mesiánica titular.

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Una escena del montaje de la primera incursión de Farías en la ópera, «Renca, París y liendres», que en 2012 estuvo envuelta en polémica e incluyó protestas en el estreno, pero finalmente ganó el premio del Círculo de Críticos de Arte y el Altazor

 

Se trata de un proyecto cuya gestación tardó entre dos y tres años, pero que en rigor se remonta a 2010, cuando se publicó la novela de Hernán Rivera Letelier «El arte de la resurrección». Farías, quien asegura que siempre fue buen lector e incluso había leído dos o tres veces la primera novela del escritor, «La Reina Isabel cantaba rancheras» (1994), descubrió el nuevo libro y lo encontró “pintado para una ópera”. Armó un proyecto, postuló a un Fondart de escritura y de ahí surgió lo que define como “una versión fallida”: «Pampa calichera», que está “guardada en un cajón”. Fue entonces, cuando ya había estrenado «Renca, París y liendres», que se contactó con el Municipal de Santiago, primero sosteniendo conversaciones con el anterior director del teatro, Andrés Rodríguez, y posteriormente con el actual, Frédéric Chambert, quien se mostró muy interesado y terminó dando luz verde al proyecto.

Farías partió de cero, aunque igual tomó algunos elementos de «Pampa calichera», si bien en definitiva la ópera une «La Reina Isabel cantaba rancheras» con «El arte de la resurrección», aunque por ahora prefiere no adelantar demasiado para que el público se sorprenda: “Cuando vayan a ver la ópera se darán cuenta de qué forma se juntan las dos novelas; eso, por ejemplo, se me ocurrió a mí, pero la manera en que está desarrollada la idea es una iniciativa de Alberto, quien además ha leído todo Rivera Letelier. Creo que no tengo esa soltura, o no la tenía aún en ese momento, para que el libreto estuviera totalmente logrado, y habría tenido que dedicar el mismo tiempo a la partitura que al libreto… Por eso fue fundamental el trabajo de Alberto, y la historia es muy atractiva”.

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Patricio Sabate

 

–¿Qué lo atrae del mundo literario de Rivera Letelier?

“Lo más fácil es decir que es su carácter impresionista, pero chilenizado. No me refiero sólo a la pampa, al desierto, que en sí me encantan, sino especialmente a la capacidad de crear imágenes sobre las relaciones humanas chilenas y la manera de narrar impresiones de la cultura popular. Esos paisajes que crea de conversaciones de prostitutas, de mineros, son de un nivel de creatividad y prolijidad de escritura increíbles. Rivera Letelier tiene un ritmo muy particular, no se le agota la capacidad de contarte algo”.

–¿Y qué opinó él de que sus textos sean adaptados a la ópera?

“Desde el principio fue súper simpático y no puso problemas. Cuando la cosa empezó a ir más en serio, con Alberto le escribimos para decirle que esto estaba andando, porque la música era mía y la adaptación del libreto era de Alberto, pero el alma de esta ópera es de Rivera Letelier. Por eso nos interesaba que estuviera por lo menos de acuerdo con lo que estábamos haciendo. Le mandamos el libreto, lo leyó, lo fuimos a ver y le contamos la manera en que juntamos los dos libros y dijo ‘oye, eso está muy bueno, se me debería haber ocurrido a mí’, y se reía… Y nos dijo ‘hagan todo lo que quieran, no voy a participar, no sé nada de ópera”.

A medida que el proyecto iba avanzando, volvieron a visitarlo acompañados por Chambert, y el escritor se fue entusiasmando cada vez más. “Está súper motivado, le gustó la historia… no sé qué tanto le gustará mi música… ojalá que mucho”.

AMBIENTACIÓN SONORA Y MUSICAL

El apartado escénico estará a cargo de un equipo encabezado por el prestigioso y veterano director teatral franco-argentino Jorge Lavelli, quien debutó el año pasado en Chile con su producción de «Jenufa», de Leoš Janáček. Y al frente de la Filarmónica de Santiago estará Pedro-Pablo Prudencio, su director residente, quien adelanta su impresión de la obra: “Me llama la atención que es una partitura que parece enfocar más la ambientación sonora y musical de la trama dándole más espacio al texto, a la expresión de la palabra, que a buscar grandes melodías o grandes conjuntos a la manera tradicional”.

Farías agrega: “Creo que es una ópera bastante amigable en su sonoridad. No es experimental, pero tampoco tradicional.Tiene momentos contemplativos, pero también otros muy ágiles. Algunas veces me han catalogado de impresionista, algo raro para mí, pero creo que ahora estoy de acuerdo, porque acá habrá sonoridades que te llevan a algo. La ópera trata de reflejar la expresión del desierto a través de su timbre, su color”.

Al igual que «Renca, París y liendres», en «El Cristo de Elqui» hay toques reconocibles de música popular, como adelanta Prudencio: “Tenemos una ranchera que parte con la guitarra y luego, de a poco, es acompañada y desarrollada por la orquesta. Está esa mezcla entre lo popular y el lenguaje de la música más contemporánea. Hay ritmos que son bastante chilenos, pero no alcanzan a ser folclóricos”.

Farías agrega: “La manera en que trabajo la mú- sica es similar a «Renca París y liendres», aunque el resultado es distinto. En diversas ocasiones han dicho que soy un compositor ecléctico, y no me puse ninguna barrera en ese sentido: hay música popular, tonal, con técnicas extendidas; muchos momentos de declamación y actuación para los cantantes, mú- sica en escena de raíz popular, como la ranchera que deconstruirá la orquesta. También música eclesiástica, y hay personajes que son policías y más normados y estrictos en su forma de ser, entonces uso mú- sica más barroco-clásica, clásico-romántica… Creo que la manera en que trabajé la partitura ayuda a la comprensión no sólo del libreto, sino además de un discurso sonoro”.

–¿Hay un peso y significación extra en el hecho de estar realizando un estreno mundial en el Municipal, y como parte de la temporada lírica oficial?

“Mientras el maestro Prudencio opina que es ‘prácticamente una obligación social’, me parece súper importante tomar estos riesgos, porque si no damos oportunidades, ¿cómo vamos a crecer? Es un privilegio y un orgullo, pero también una responsabilidad enorme. Porque es un lugar al que los compositores chilenos no siempre han tenido acceso de la manera privilegiada que estoy teniendo ahora, digo privilegiada por las condiciones, porque entiendo que esto no es un privilegio para mí, sino que la idea es que sea un privilegio constante, que siempre haya óperas chilenas o latinoamericanas en las temporadas. Por eso lo tomo como una responsabilidad, no puedo ‘deste- ñir’, debo hacerlo bien, principalmente porque del resultado de lo que hagamos depende lo que se pueda realizar después. No por la evaluación del teatro mismo, sino por la recepción del público, porque al final las óperas son para la gente que asiste al teatro”.

 

La voz del protagonista

El rol titular estará a cargo del barítono Patricio Sabaté, uno de los cantantes más reconocidos de la escena chilena, a quien hemos apreciado en títulos que van desde el Barroco –como «Orfeo», de Claudio Monteverdi– a partituras contemporáneas chilenas. Farías reconoce que siempre pensó en él para interpretar al Cristo de Elqui.

Sabaté se considera honrado con esta misión: “Los estrenos de títulos chilenos no son muy frecuentes, ya que se necesitan muchos factores que deben coincidir. Para cualquier cantante es un honor que un compositor escriba una ópera pensando no en tipos de voces sino en cantantes específicos, con características únicas y posibilidades particulares. Con Miguel nos une una buena amistad y es la primera vez que puedo cantar en una ópera suya”.

Su opinión sobre el trabajo de compositor y libretista es muy entusiasta: “Se nota una gran empatía artística entre ellos. Miguel tiene la virtud de jugar con un lenguaje musical propio y fundirlo con el lenguaje musical de nuestras raíces, lo que hace muy directa la llegada al espectador y muy fluido el trabajo interpretativo del cantante”.

-¿Y cómo es el personaje del Cristo de Elqui?

“Es fantástico desde el punto de vista de la psicología del delirio místico; el solo hecho de pensar en un hombre que siente de forma honesta y real que es un elegido, con características divinas y al mismo tiempo con características tan humanas como el hecho de sentir admiración y deseo por una mujer que ejercía la profesión más antigua de la humanidad, y todo esto ‘a la chilena’, es suficiente para construir un personaje intenso y magnético, un tremendo desafío”.

Comentarios

  • “Hay dos tipos de música: buena y mala. Me gustan ambas”, Duke Ellington (1899-1974).
  • "En las tiendas no tenemos espejos. Uno debería comprar ropa por cómo te hace sentir, no ver" (Rei Kawakubo).