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WILLIAM KENTRIDGE «BASTA Y SOBRA»

22/01/18 — POR

¿Cómo exponer el proceso artístico? ¿Cómo dotar de vida a escenografías, vestuarios y marionetas? El Museo Reina Sofía se ha planteado un reto de los buenos. Convertir en una exposición de arte los trabajos de William Kentridge (1955) en el campo del teatro y de la ópera.

Por Juan José Santos M.

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William Kentridge. Estudio de vestuario para «La Nariz», 2009/2015.

 

Sale bien parado del desafío, aunque, como en todo, siempre hay algunos “peros” que tener en cuenta. Kentridge es un artista que desde los inicios se dio cuenta de que el proceso de dibujar era un espectáculo autónomo. Así que se dedicó a filmarlo. Sus primeros trabajos audiovisuales registran el paso del carboncillo por el papel de periódico. Las siluetas describen una narración, siempre asociada a una injusticia o a una historia de opresión; tragedias que tenía muy a mano en su Sudáfrica natal. Sus estudios en política, en historia de África y en arte, se fusionaron desde muy temprano con su trabajo como colaborador con el Junction Avenue Theatre, donde se desempeñó como actor, director y escenógrafo alejado de las normas. Sus personajes estaban dotados de un desapego a la obra representada que los convertía en piezas con una entidad emancipada, pero que, en diálogo con el todo, conformaban una experiencia coherente y múltiple. Manuel Borja-Villel, director del Museo y curador de la exposición, entendió la independencia de esas figuras creadas por Kentridge en base a collages, metáforas y el humor absurdo vinculado a una situación política. Relatos sobre el colonialismo, el capitalismo, y el apartheid  son los telones de fondo de esta creación plástica puesta a su disposición. A pesar de que son las temáticas que a él le interesan en su producción artística independiente, aquí aparecen subordinadas a otro texto y a otras exigencias materiales. Es donde localizamos el “pero”: se está doblegando el destino de su trabajo bajo la glorificación del proceso y la utilería. Producciones no pensadas para ser expuestas bajo el epígrafe “arte” se muestran recelosas de su nueva ubicación. A pesar de un montaje inteligente y esforzado, algo carece de entidad en esta muestra. Preguntábamos al inicio cómo poder dotar de dinamismo y vivacidad a una muestra que se compone principalmente de montajes teatrales y operísticos. La respuesta se encuentra en una disposición espacial arriesgada, en la que la ausencia de un recorrido lineal, de obras enmarcadas, o de una continuidad disciplinaria sorprende y agrada. Las animaciones y los videos de las óperas descubren cómo participan sus creaciones del papel que han de representar. Una mezcla de lenguajes cuya alquimia funciona y brilla en obras de teatro como «Woyzeck on the Highveld» (1992), «Faustus in Africa!» (1995) y «Ubu and the Truth Commission» (1997), y en óperas como «Il ritorno d’Ulisse» (1998), «The Nose» (2010), «Lulu» (2015) y, la más reciente, «Wozzeck» (2017), estrenada en el Festival de Salzburgo.

Museo Reina Sofía (Madrid, España). Hasta el 19 de marzo.

Comentarios

  • “No puedes esperar que los dos extremos de una caña de azúcar sean dulces”, Proverbio.
  • "Nunca he dejado que mis estudios interfieran con mi educación", Mark Twain (1835 - 1910).