,

ZAMBOMBAZO DE CHINCHÍN

25/04/18 — POR

Es una legítima “batería chilena” y es única en el mundo. En ningún otro lugar se verá a un percusionista danzante con bombo de dos caras, varilla de redoble, platillo y tirapié. La historia del chinchín es centenaria, pero esa tradición familiar que se traspasa de manera oral ya se está viendo expuesta a la incorporación del instrumento a nuevas propuestas musicales.

Por Antonio Voland.

92_home_musica

Los Saavedra y los Toledo, con el fallecido Pepa, dos antiguas familias de cultores.

Fue la primera noticia musical de 2018 y, por supuesto, una de las peores. La noche del 01 de enero fallecía sorpresivamente, a los 43 años, Patricio Toledo Peralta, considerado uno de los referentes actuales del chinchín. Fue velado en la casa familiar de la comuna de Cerro Navia, a donde acudieron decenas de cultores de distintas edades, chinchineros y organilleros, para despedir al Pepa, nombre por el que Toledo fue conocido en el arte de la percusión del bombo, la varilla de redoble y el platillo. Dos días más tarde, tras un cortejo fúnebre de ritmo y música, era sepultado en el Cementerio General.

Patricio Toledo es el chinchinero que apareció como invitado en el histórico concierto de Joe Vasconcellos en el Festival de Viña del Mar 2000. Su solo (titulado «Sueltalapepa» en honor a ese apodo con el que fue bautizado, debido a la baja estatura que tenía como niño chinchinero) sumó varios grados de temperatura a la ya eufórica audiencia en la Quinta Vergara aquella noche.

En 1992, el propio Joe Vasconcellos había presentado en el mismo Festival una canción que sería un hito en la nueva música popular chilena. También una respetuosa reverencia al más chileno de los percusionistas, «El chinchinero»: “Toca chinchinero / Con bombo y platillo / Chile te saluda / Mucha luz y felicidad / Por lo que puedan aportar”.

SINFONÍAS PARA PERCUSIÓN

Nacido en la población Bonilla como integrante de una de las familias de la tradición, Patricio Toledo se inició a los cuatro años de edad en el cerro Barón de Valparaíso. Fue un emblemático ejemplar de este artista popular que tiene su origen en los albores del siglo pasado en la zona central de Chile, principalmente en Santiago y Valparaíso. Es un oficio surgido por la necesidad del sustento de las familias.

El chinchín debe su nombre al patrón rítmico que lo sostiene. Habría surgido, según los investigadores, durante un festival de San Bernardo hacia los años 70. El jurado, que además integraba Margot Loyola, se refirió al sonido onomatopéyico del platillo y el triángulo (¡chin chin chin!). Los cultores cargan en sus espaldas un tambor de dos caras, junto a un par de platillos y un triángulo que se percuten a través de un par de varillas, que tradicionalmente eran de mimbre. Además, está el tirapié, lazo de cuero conectado al zapato que acciona los instrumentos de metal instalados en la parte superior del bombo. Su repertorio recorre rítmicas variedades, valses, foxtrots, bayones y cuecas. No existe en ningún otro lugar del mundo un artista como el chinchinero.

“El único que se le acerca es el antiguo hombre orquesta europeo, que viajaba por distintos pueblos. Tenía un bombo a la espalda además de otros instrumentos, como una guitarra al frente”, dice el chinchinero e investigador Gabriel Cárdenas. “Tengo el registro de un hombre orquesta criollo en el sur de Chile. Tal vez llegó desde Europa e influenció a alguien. El chinchín viene a ser una especie de deconstrucción del formato de ese hombre orquesta europeo. Elimina todos los instrumentos y sólo se queda con los tambores”.

HISTORIA Y FUTURO

La muerte del Pepa en enero pasado aparece como un hito más en un período de resurgimiento que el chinchín vive en diversos flancos. No sólo los investigadores han puesto en relieve la historia de este oficio, por ejemplo, en plataformas como Patrimonio Sonoro.cl, donde se detallan los orígenes profundos y los tiempos actuales del chinchín. El mismo Gabriel Cárdenas presentó este verano en la Biblioteca Nacional el libro «El Patitas de Oro», que recorre la vida, la obra y el legado de Héctor Lizana Gutiérrez, de 89 años, chinchinero fundamental en la historia. Según estima el biógrafo, alrededor de sus doce años de edad, cuando integraba una generación bombista en los años 40, Lizana Gutiérrez contribuyó a introducir el desplazamiento en la ejecución del bombo. Eso significaba toda una innovación, pues hasta allí se tocaba de manera estacionada.

“Se hacía de pie, con una sola mano y la otra apoyada en el organillo”, cuenta Cárdenas. “Lizana le incorporó al sistema la segunda varilla para tocar por los dos lados del bombo y también comenzó a practicar la danza. De allí nace su apodo de ‘El Patitas de Oro’, que le dieron los viejos”, agrega.

A medida que avanzaron los tiempos, los cultores han impuesto pasos a estos desplazamientos, bautizando algunas de sus proezas con nombres fantásticos: “El ‘Luis Dimas’, es un movimiento tipo baile del twist, que creó Patricio Toledo; el ‘Matrix’, una especie de suspensión de espaldas en el aire; el paso ‘de la garza’ va levantando el pie a saltos, además del giro ‘de la pirinola’, un movimiento de rotación y traslación simultánea”, comenta Pablo Vega, director del grupo Familia Bombo Trío. “Se nombran espontáneamente según los grupos familiares”, explica.

92_musica_zambombazodechinchin_1 copia

el investigador Gabriel Cárdenas presentó el libro «El patitas de oro», con la historia del chinchinero Héctor Lizana Gutiérrez, hombre ineludible, surgido de la población La Bandera.

 

Héctor Lizana es el patriarca de una de esas familias tradicionales, que ya va en cuatro generaciones de chinchineros de la población La Bandera. Otros clanes son los Aravena, con cuatro o cinco generaciones; los Castillo en Valparaíso, los Casanova, los Saavedra y desde luego los Toledo. Son círculos herméticos, a los que cuesta entrar, señalan los investigadores. Sólo algunos “afuerinos” logran hacerlo.

Pero en octubre pasado otro acontecimiento vino a sumar visibilidad a las artes de la percusión danzable, con el Primer Festival Nacional del Chinchín, un encuentro que sacó al oficio de su habitat callejero natural para situarlo frente a un público en un espacio cultural establecido. Más de 50 artistas se reunieron en el GAM en esa oportunidad y allí se encontraron cara a cara los cultores históricos y los nuevos exponentes, quienes han impulsado innovaciones con el chinchín, desde luego no todas bien vistas por los antiguos.

“Las tendencias siempre nacen de una tradición y con el tiempo, lentamente, se van aceptando. Eso es natural”, dice Peter Estay, músico del conjunto Peteretes Chinchín. “Hay que tener mucho cuidado cuando los exponentes nuevos se dicen chinchineros. Esa denominación le pertenece a los cultores, porque ellos tienen la sabiduría”.

92_musica_zambombazodechinchin_3

Jesús Casanova practicando el paso “Matrix”, en la Plaza de Talagante.

Muchas nuevas agrupaciones presentaron allí sus propuestas, que combinan la percusión chinchinera con elementos de otras músicas. Peteretes Chinchín, por supuesto, con un repertorio de cumbias al ritmo del bombo y el platillo a la espalda. Otro fue la Comparsa Juanyrosa, cuyas performances se basan en un notorio despliegue escénico con canto e instrumentos de vientos. También estuvo el Ensamble Tricahue, casi un conjunto de música contemporánea, que interpreta partituras para vibráfono, saxofón y chinchín.

Además está la Familia Bombo Trío, que incluye sonidos de guitarra, acordeón y contrabajo. Y acaban de hacer un homenaje a los maestros de la batería chilena a través del disco «Tambor a cuestas».

 

Comentarios

  • "El cine tiene que producir sosiego", Azorín (1873- 1967), escritor español.
  • “No soy el mejor del mundo, pero creo que no hay nadie mejor que yo”, José Mourinho (1963), entrenador portugués de fútbol.