La Naturaleza Humana de Sebastián Errázuriz

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por_Hernán Garfias

Conozco a Sebastián Errázuriz (1977) desde que era estudiante (LA PANERA #167) y lo he apoyado cada vez que he podido, como cuando partió a Nueva York con su beca bajo el brazo o cuando lo invitamos a exponer a Milán y Londres, como parte del programa del Área de Diseño del Ministerio de las Culturas, el Arte y el Patrimonio, en el marco del Salón del Mueble de Milán y del London Design Festival. 

Hemos tenido encuentros y desencuentros a lo largo de estos años. Porque seguíamos discutiendo, con mucho respeto y cariño, sobre los límites entre Arte y Diseño. Porque la cantidad de estrategias que usa para fabricar sus conceptos forman parte del desarrollo de sus ideas, algunas quedan en los post-it de su estudio, y otros comienzan a tomar vida para transformarse en proyectos; y sólo algunos terminan siendo realidad en un lugar, en una intervención del espacio público, en el interior de un museo o de una galería. 

Pero como es minucioso y obsesivo, la mayoría de esas propuestas quedan registradas en libros de lujo que los coleccionistas atesoran en sus acervos de la biblioteca. Así, todo queda inscrito para la posteridad. De ahí viene toda mi admiración hacia Sebastián y su obra. Porque nada surge de lo banal, de eso que escucho mucho entre artistas y diseñadores, “se me iluminó la ampolleta, salió de mi guata” … y terminan en una exposición sin que exista un proceso profundo para llegar a la obra final. 

Errázuriz pertenece a ese grupo escaso de artistas y diseñadores que realizan construcciones que tienen una base profunda, que les permite trascender e instalarse en la escena internacional con peso propio. La obra de este artista diseñador es contundente en la materialidad que utiliza, se exige con la calidad de la fabricación, con materiales como el mármol, el acero, la madera, pero también con objetos encontrados y transformados. Alguien lo comparaba con el oficio perfecto del diseñador gráfico –como la obra del maestro Cassandre– porque los diseñadores gráficos nos responsabilizamos con el diálogo con el público, nos ponemos a su disposición, algo que siempre transmito a mis alumnos en la Universidad. El mensaje debe ser siempre claro, preciso, directo. Y Errázuriz es así con su obra, con su comunicación, en sus conferencias y en sus entrevistas con los medios de prensa. 

Entre el 03 de diciembre y el 26 de enero, sus obras estarán desplegadas en la Sala Ginkgo de la Galería Patricia Ready, en paralelo a otras exposiciones en Nueva York y el Museo de Arte de Philadelphia, con motivo del Premio al Diseñador del Año de ese centro cultural. 

«Naturaleza Humana», expone una serie de trabajos construidos o reconstruidos con árboles encontrados en los ríos o en los bosques. Son árboles muertos y rescatados de su tumba natural y convertidos en esculturas, instalaciones, muebles o desechos. 

Elementos centrales de la muestra son una mesa con cubierta de cristal que se posa sobre los troncos y ramas de estos árboles muertos. En los muros principales, se despliegan estos troncos con ramas para dibujar tridimensionalmente unas grandes repisas para libros u objetos de colección, o simplemente como una escultura mural. La belleza de estas piezas impacta al espectador que se queda con muchas preguntas. ¿Es una mesa o una escultura, es una biblioteca o un mural? Eso es lo siempre inquietante en la propuesta de Errázuriz, que no deja a nadie indiferente y que lo llena de interrogantes

Yo creo en estos artistas que no paran de construir nuevos discursos en torno a la sociedad, al presente y al futuro; y que cuestionan permanentemente lo que está pasando en el mundo hoy, y las consecuencias del futuro. 

Hace poco aprendió la poesía haiku de Japón, que tiene reglas muy específicas. “Para mí –nos expresa Sebastián– esta exposición hace parte de una serie de ejercicios dentro del diseño/arte como si se tratara de un haiku. Naturalmente, hay una serie de reglas, por ejemplo: los objetos deben ser funcionales y a la vez tener el componente simbólico de las artes. Llevo unos 15 o 20 años en esta investigación que partió de una interrogante sobre cómo diseñar un nuevo estilo de mesa. Pensé qué pasaría si tumbo un árbol y, aprovechando que las raíces son casi tan grandes como las ramas, simplemente les pongo un vidrio encima y celebro las formas de la Naturaleza, que son mucho más bellas de lo que hubiese podido proyectar arbitrariamente”. 

Así, Errázuriz va adaptando lo encontrado en la Naturaleza, para construir obras que van a ser vistas por cientos de personas en esta notable exposición, que celebra la trayectoria de un chileno que recorre el mundo para exponer su visión sobre el arte, el diseño, la sociedad, la política, la inteligencia artificial, las transformaciones en las comunicaciones, los diálogos sordos. Porque son muchos los temas que lo inquietan y lo motivan, y no lo dejan dormir tranquilo. 

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