Símbolo reconocible entre innovación y tejido social
Tome asiento. Aquí iniciamos una serie de 6 capítulos para descubrir la historia detrás de esta pieza icónica del siglo XX.
Por_ Hernán Garfias



La Revolución Industrial, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, permitió el desarrollo del mobiliario que comenzó a producir sillas de fabricación masiva. En 1830, Michael Thonet empezó a experimentar moldeando madera. Hervía tiras de madera maciza –preferiblemente de haya– mediante baños de vapor caliente o líquidos en ebullición y las curvaba sin romperlas (técnica conocida como bentwood). Así pasó a ser el inventor del proceso industrial para la flexión de la madera, y en 1836 introdujo la primera silla fabricada en madera laminada. Con eficiente proceso de producción y una excelente red de distribución en el mundo civilizado de entonces, su mobiliario fue reconocido y la empresa se transformó en una compañía internacional.
Pero sin duda, la más famosa es la Silla Nº 14, diseñada y producida por el propio Thonet e hijos, a partir de 1859. También conocida popularmente como Silla Viena, se convirtió en uno de los productos más exitosos de la producción mundial masiva, y promovió la reputación internacional de la firma Thonet. Su valor ascendía a 8.50 marcos alemanes de la época y dentro de la línea Thonet era el modelo de precio más económico. Para 1930, ya se habían vendido más de 50 millones de ejemplares de ese modelo. Actualmente, se sigue produciendo con ciertos ajustes.
La Tecnología como motor industrial
Al comienzo, los nuevos métodos de producción dependían de un canon formal de objetos a cargo de artesanos individuales con las famosas sillas estilo Arts and Crafts (piezas de mobiliario creadas entre finales del siglo XIX y principios del XX que enfatizaban la artesanía, la simplicidad funcional y los materiales naturales). Esos artesanos influyeron en el Diseño, en contraposición a la producción industrial en masas, independizándose de los estilos usuales y de los ideales de belleza, creando modelos propios.
Pero las conquistas tecnológicas siempre han sido fundamentales para la sociedad moderna. Y aunque muchos de esos productos innovadores desde el punto de vista tecnológico fueron producidos en serie, se convirtieron en todo un clásico como la propia Silla Nº 14 de Thonet o la Silla en tubos de acero de Marcel Breuer. Muchas de estas piezas comenzaron a fabricarse como copias baratas, lo que aumentó su reconocimiento entre el público masivo.
Idealmente, la tecnología combina el deseo de usar los materiales en forma económica con métodos automatizados de producción, lo que se hizo posible con la llegada del plástico, un material de fácil moldeado, aplicación de color y acabado fino. Y lo más importante, mucho más económico. Durante la segunda mitad del siglo XX, el foco de los diseñadores y fabricantes estuvo en producir sillas de excelente calidad, estéticas y de bajo costo, muy alejado del lujo artesanal del siglo XIX…Y lo lograron.
Bellas, prácticas y durables
Tal vez lo durable sea lo más importante que debiera tener una silla, porque hay diseños muy bellos, pero que por su materialidad o fragilidad no pueden tener un tiempo largo de vida útil. También su belleza la convierte en un objeto de deseo, de querer coleccionar. Si además es práctica, sienta bien y es fácil de limpiar y tampoco pasa de moda, se transforma en una silla perfecta. Y lo digo como coleccionista de mobiliario. Al principio comencé a adquirir sillas por su forma, su estética, pero algunas eran incómodas y nunca me sentaba en ellas. Las fui cambiando por otras que reúnen estas variables.
Ahora esa es mi ley para elegir una nueva. Como la Silla Landi, fabricada por Vitra y diseñada por Hans Coray. Creada para la Exposición Nacional Suiza (Schweizer Landesausstellung) de 1939, debía ser producida con un material suizo: el aluminio. Ligero, robusto y resistente a la intemperie, este clásico era sensacional, no pesaba más de 3 kilos. Una idea tomada de la Industria de la Aviación reducía su peso, mientras que la forma tridimensional de los bordes de las perforaciones mejoraba la estabilidad. Además, se podía apilar.
También surge en 1951, la Silla DKR de Charles & Ray Eames, la famosa pareja de arquitectos y artistas estadounidenses capaces de revolucionar el diseño en ese país, transformándose en un dúo muy reconocido a nivel popular. Fabricada con rejilla de alambre de acero, con forma curva y de apariencia transparente, para mayor comodidad incorpora un cojín de cuero.
La lista de sillas que aplican tecnología es mucho más larga. Podríamos nombrar la Womb Chair de Eero Saarinen, fabricada por Knoll; el Sillón Reclinable de los Eames para Herman Miller; la Lambda de Marco Zanuso y Richard Sapper para Gavina; la serie UP de Gaetano Pesce para Cassina; la Louis 20 de Philippe Starck para Vitra. Pero no podemos dejar de destacar la curiosa Wiggle Side Chair de Frank Gehry (1972), que hoy fabrica Vitra.
La resistencia de los muebles de cartón
Estos salieron al mercado durante los 60 como una alternativa barata y ligera a los muebles tradicionales. En esa época, se hicieron esfuerzos por reforzar la resistencia del cartón de una sola capa usando dobleces, ranuras y otros recursos. Pero no podía competir con el plástico, que era igualmente ligero. Gehry, descubrió un proceso que aseguró a la fabricación de muebles como un resurgimiento popular.
En una de mis entrevistas con él en Los Angeles, California, recordó que “un día vi una pila de cartón corrugado afuera de mi oficina, material que uso mucho en mis maquetas de arquitectura. Y comencé a jugar con él, a unirlo con pegamento y a cortarlo para hacer diferentes figuras, con un serrucho y una navaja de bolsillo”. De esta manera, es posible transformar grandes bloques de cartón en esculturas. Gehry lo llamó ‘Edge board’. Y en 1972, comenzó a crear diferentes muebles de cartón, con el nombre de ‘Easy edges’. Eran muy firmes. Era reciclar un material y transformarlo en sillas ecológicas. Así nació la famosa Wiggle con su piso otomano.

“Sentarse es una acción tan mundana que parece que simplemente lo hacemos sin pararnos a pensar por qué. Y aunque los humanos se han sentado en el suelo desde el principio, encontramos evidencia que se remonta al Neolítico que sugiere que los seres humanos decidieron empezar a elevarse. Debido a este deseo de apoyarse en algo más que el suelo, la evolución de la Silla ha sido un viaje extraordinario que demuestra la creatividad, el ingenio y la adaptabilidad”
(www.disd.edu/blog/take-seat-exploring-chair-throughout-history)


