Gertrude Jekyll 

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LA REINA MADRE DEL JARDÍN VICTORIANO

Taxónoma, arquitecta paisajista, artista y escritora de finales del siglo XIX, creó y diseñó más de 400 jardines en el Reino Unido, Europa y Estados Unidos, y escribió más de 1 mil artículos para «Country Life magazine», «The Garden» y otras revistas especializadas. Fue una de las primeras de su profesión en explorar la magia del color, y fue una adelantada a su tiempo.

No quiso casarse y su mejor amigo era 26 años menor.

Por_ Marietta Santi 

Hestercombe Garden, un jardín en terrazas con canales de piedra que conducen a estanques también de piedra, con un gran arce y una casa al fondo, diseñado por Gertrude Jekyll, en Somerset, Inglaterra, Reino Unido.

Aunque han transcurrido casi 100 años desde su muerte, sus ideas sobre el color, la armonía, el ritmo y la organización de jardines siguen siendo la base del pensamiento del siglo XXI. 

Nació en Londres en 1843 y fue una de las primeras mujeres en Gran Bretaña en estudiar en la Escuela de Arte de South Kensington donde se interesó por el arte creativo de plantar y, más específicamente, por la jardinería. Fue la quinta de los hijos del capitán Edward Joseph Hill Jekyll, un oficial de la Guardia de Granaderos, y de su esposa Julia Hammersley. Su hermano menor, Walter Jekyll, fue amigo del escritor Robert Louis Stevenson quien tomó el apellido familiar nada menos que para su famosa novela «El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde».

En 1848, sus padres dejaron Londres para instalarse en Bramley House, Surrey, donde Gertrude Jekyll (1843-1932) pasó su infancia y adolescencia. Su talento en la pintura y acuarela fue evidente desde niña, pero una cada vez más severa miopía la hizo abandonar esa incursión a los 48 años, al igual que el bordado. Pequeña y gruesa, tal vez su visión borrosa entrenó su minuciosa capacidad de observación, que le permitía apreciar no sólo los matices de los colores, sino también las texturas y las formas de plantas y flores.

Según los estudiosos de su obra, su mayor acierto radica en que intuyó que nuestras percepciones e incluso nuestras emociones, pueden ser condicionadas mediante la yuxtaposición de colores. Durante su época de estudiante, pasó largas horas copiando obras del pintor J. M. W. Turner, y se cree que el cuadro «El Temerario combatiente» pudo haber inspirado el colorido de sus más importantes creaciones, como el parterre de Munstead Wood, su casa.

En su libro «Colour in the Flower Garden»(1908), Gertrude describe cómo en la parte ornamental de su jardín, un color fluye hacia otro, de frío a cálido, y viceversa. En el texto destaca que el parterre funciona como un todo, pero también que cada sección 

“se convierte en una imagen en sí misma”.

Ella usaba el amarillo que se desvanece en blanco para crear una sensación de ligereza, mientras que los púrpuras, plateados y azules los ocupaba para sugerir distancia. Fue una de las primeras en su profesión en incorporar el color, la textura y la experiencia del paisaje, como elementos clave en sus diseños. 

De la pintura con óleos y acuarela transitó a la pintura con flores y plantas. Si bien creía que la jardinería “podía considerarse, con razón, un arte”, su enfoque era eminentemente práctico: se ganaba la vida vendiendo plantas y nunca recomendaba ninguna que no hubiera cultivado ella misma. 

Imparable 

En 1881, Gertrude Jekyll diseñó los jardines de Munstead Wood, casona construida para su madre por el arquitecto escocés John James Stevenson. Frente a esa casa había 6 hectáreas de matorrales y bosque. Este terreno se convirtió en su laboratorio de jardinería y, a partir de 1897, en su hogar, proyectado por el joven arquitecto Edwin Lutyens. 

En 1989 conoció a Lutyens, de 20 años, tomando el té con una vecina aficionada a los rododendros. Rápidamente se hicieron amigos, empezando una fructífera colaboración. Juntos crearon más de 100 jardines, espacios complejos y románticos que aún son admirados. Gertrude se convirtió entonces en una mentora cariñosa para Lutyens, a quien él llamaba “Tía Bumps”. Durante las tardes de té y canasta concretaron su estilo en el diseño de jardines y parques.

Cuando Jekyll y Lutyens iniciaron su colaboración, el mundo de la Jardinería estaba dividido. En una vereda se encontraba el paisajista irlandés William Robinson (1838-1935), viejo amigo de Jekyll y defensor del jardín silvestre. En la otra estaban John Sedding y Reginald Blomfield, destacados paisajistas de mediados del siglo XIX, quienes sostenían que el paisajismo debía ser una extensión de la arquitectura de la casa.

A Gertrude le hizo mucha gracia descubrir que el jardín de Ro-

binson, en su finca de Gravetye (Sussex), estaba compuesto sólo de cuadrados, mientras que el de la casa de los Bloomfield no tenía líneas rectas. “Pura contradicción”, diría ella.

En medio de esta polémica, los jardines de Jekyll y Lutyens surgieron como una síntesis de ambas posturas, combinando una profunda comprensión de las posibilidades de las plantas con un gran respeto por el entorno. Lo suyo era el orden con apariencia salvaje.

El primer libro de Gertrude, «Bosque y Jardín» (1899), celebra este estilo de plantación y detalla cómo cultivar un jardín de inspiración boscosa durante todo el año.

La mayor alegría de esta mujer, que diseñó más de 400 jardines, era estar en estrecho contacto con las plantas. Su principal objetivo fue convertir el jardín en un lugar de descanso y renovación para la mente y el cuerpo. Sin duda, su visión de la Jardinería nunca pasará de moda.

Gertrude Jekyll murió el 08 de diciembre de 1932, en su casa. Lutyens, su gran amigo, diseñó su monumento conmemorativo, en el que se lee: ARTISTA, JARDINERA, ARTESANA

Y si bien la mayor parte de sus jardines se perdió, muchos de ellos persisten hasta hoy restaurados o mantenidos con cuidado, basándose en sus detallados planos de plantación, como el jardín amurallado de Lindisfarne Castle, en el condado de Northumberland, Inglaterra

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