ACTORES (Y ACTRICES) PARA«HAMLET»

02/06/18 — POR

El 30 de mayo regresó al Teatro Nescafé de las Artes el aclamado «Hamlet» con Benedict Cumberbatch, montada en 2015 en el teatro Barbican de Londres y dirigida por Lindsey Turner.

Por Vera-Meiggs

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73 versiones grabadas o filmadas alcanza el mítico Príncipe de Dinamarca. Todo indica que seguirán aumentando. Al principio fueron las mujeres. En 1900, la legendaria Sarah Bernhardt (1844-1923) filmó «El duelo de Hamlet», que contiene sólo el fragmento del título y que fue un registro de la interpretación teatral travesti de la célebre actriz. Después, la más respetable es la que se realizó en 1913, protagonizada por el ya sesentón sir Johnston ForbesRobertson (1853-1937), el mayor Hamlet del siglo XIX. A pesar del tiempo transcurrido todavía es posible apreciar la presencia del gran actor, cuya mímica es bastante expresiva para la obviedad de aquellos tiempos. La famosa danesa Asta Nielsen (1881-1972) fue la primera intérprete que en cine hizo «Hamlet» completo en 1921, pero no totalmente basada en Shakespeare, sino que en una teoría desarrollada y apoyada por varios estudiosos que afirman que Hamlet es una mujer, cuya identidad se debe mantener oculta por razones políticas. La historia es más o menos la misma y el secreto es descubierto por Horacio después del duelo. Entre otras figuras conocidas por el cine y que siguieron esta lectura están la australiana Judith Anderson, la española Blanca Portillo y la napolitana Pupella Maggio, que la hicieron en teatro.

Clásico

La guerra había terminado hacía poco y Europa entera estaba como Dinamarca a la llegada de Fortinbrás, es decir, en total desastre. De ahí surgió, en 1948, el «Hamlet» dirigido y protagonizado por Laurence Olivier (1907-1989).

El gran intérprete británico, sin duda el más prestigioso de su siglo (lo que no significa el más amado por su público), era por exigencia un experto en Shakespeare y recorrería todos los principales personajes de su obra, por lo que su acercamiento al príncipe danés le resultó obligatorio. Ya para aquel entonces había dirigido en cine un celebrado «Enrique V» y la técnica cinematográfica no le resultaba ajena. Decidió filmar en el auténtico castillo de Elsinore y en un solemne blanco y negro, todo lo cual anunciaba parte del resultado que se buscaba obtener: la versión canónica de la tragedia. Así se presenta aún hoy, pero con el peso de lo aparatoso y anticuado, a lo que se suma la música enfática de William Walton, una suerte de compositor oficial del ya decaído imperio británico. Olivier se dirigió con particular mesura y esmero, cuidando que su propia personalidad proclive al histrionismo se mantuviera dentro de un rango al mismo tiempo solemne y vulnerable, en que la lectura sicológica que escogió fluyera sin obviedades. El resultado aún convence por su elegante presencia y por lo adecuado del reparto. Escenografía muy psicoanalítica, con largos pasillos recorridos por la cámara y mucha niebla estratégicamente ubicada. Olivier, como buen hijo de pastor anglicano, era bastante culposo y su énfasis edípico del personaje le debe mucho a su personalidad. Ganó el Oscar, el título de Sir y posteriormente el de Lord.

Los años 60

Quizás por coincidencia, tal vez como un signo de los nuevos tiempos o por necesidades generacionales, los Hamlet se multiplicaron en los años libertarios, desordenados y musicales de los sesenta. El primero en orden cronológico fue el de Maximilian Schell (1930-2014), actor austríaco, que justo antes de ganar el Oscar por «Juicio en Nüremberg» en 1961, hizo en la televisión alemana «Hamlet, príncipe de Dinamarca» en alemán, con un reparto de actores poco convincente. Schell presta su apostura física y un cierto oficio, pero nada más digno del recuerdo. Similar destino tuvo el canadiense Christopher Plummer (1929) en otra versión televisiva (de 1964) realizada justo antes de su éxito en «La novicia rebelde». Su príncipe posee la mirada fría y calculada con que el actor suele revestir sus creaciones más recurrentes, pero ésta no sería de las mejores. Ambas quedarían eternamente relegadas a la pantalla chica por la aparición en 1964 del excepcional Innokenti Smoktunowski (1925-1994), el mayor actor soviético de su generación, que en el rol del príncipe y bajo la inspirada dirección de Grigori Kosintzev acaparó toda la atención mundial, especialmente de la crítica británica, que no escatimó elogios para este «Hamlet», clásico en su apariencia, pero capaz de renovar muchos de sus tópicos con una lectura rica y de variados estímulos. Smoktunovski es un príncipe neurasténico y paralizado por su cuna patricia, que enfrenta con desazón una condición humana torcida por un destino incomprensible. Denso en tensión interior, Smoktunovski maneja las contradicciones del personaje sin intentar resolverlas, pero habitándolas con la mayor sinceridad. Si bien parece solemne en los momentos cumbres, su cercanía humana se palpa en todo momento, especial mente en la conmovedora escena del funeral de Ofelia. Si a todo esto se suma un reparto perfecto, una puesta en escena de gran belleza y la música austera y atmosférica de Shostakovich, se tiene un «Hamlet» que no admitiría rivales por más de un cuarto de siglo. Con rigor escenográfico y respeto al origen teatral, Tony Richardson («Tom Jones») dirigió en 1969 a Nicol Williamson (1936-2011) en una versión con énfasis en lo sexual que no llegaría muy lejos en las salas y que confirmaría a Williamson como un buen actor teatral.

 

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Dotado por igual de fuerza y matices, el príncipe de Cumberbatch alcanza niveles de emoción, ironía y ligereza inéditos.

 

Fin de siglo

Antes o después tenía que suceder: Franco Zeffirelli asolaría a Shakespeare nuevamente, después de sus anteriores intentos («Romeo y Julieta», «La fierecilla domada» y «Otello»), visualmente muy atractivos. Su «Hamlet» de 1990, ambientado en la Edad Media, no desentona en eso y posee un reparto prestigioso, incluyendo al gran Paul Scofield como el fantasma, pero Mel Gibson (1956), en el rol protagónico, carece de los materiales para el personaje, no conoce de matices ni de transiciones y en todo momento se tiene presente el esfuerzo que pone en ser melancólico. Escenografía y vestuario la salvan del naufragio total. Kenneth Branagh (1960) es un actor que ha vivido con la obsesión de emular a Olivier y no fue nada de raro que anunciara su versión en 1996 con la totalidad del texto, algo nunca hecho antes, y un reparto difícilmente superable ( Jack Lemmon, Charlton Heston, Julie Christie, Gérard Depardieu, Judi Dench, John Gielgud, Robin Williams, Kate Winslet). La ambientación decimonónica y el espectáculo amenazan la empresa, pero Branagh, excesivo, histriónico, decadente y casi ridículo, resulta a fin de cuentas muy coherente. Su monólogo frente a un espejo alcanza altos niveles de expresividad.

Los del XXI

Ethan Hawke (1970), el eficaz protagonista de la serie de películas de «Antes del…» de Richard Linklater, se atrevió a protagonizar «Hamlet 2000», dirigida por un tal Michael Almereyda, quien tuvo la idea pueril de ambientar la acción en época contemporánea, conservando en parte los textos de Shakespeare. Hawke recita “Ser o no ser” en los pasillos de un Blockbuster. Involuntariamente cómica.

Con toda seriedad, Benedict Cumberbatch (1976), el actor británico más exitoso del momento, enfrentó su Hamlet teatral bajo la dirección de Lindsey Turner, en el teatro Barbican de Londres en 2015, con las entradas vendidas desde un año antes. Su transmisión en directo a teatros de todo el mundo dieron mayor realce, si cabía, a una actuación muy esperada. Y no decepcionó. Su lectura reboza originalidad, fuerza y especialmente humor, pero sin traicionar el texto, sino que aprovechándolo para sacar nuevo brillo de un personaje que parece inagotable en sus posibilidades. Dotado por igual de fuerza y matices, el príncipe de Cumberbatch alcanza niveles de emoción, ironía y ligereza inéditos, lo que favorece el aliento trágico del drama.

Contrapunto

Jack Benny (1894-1974), un comediante de la radio y la televisión norteamericana, fue el protagonista de «Ser o no ser» (1942), de Ernst Lubitsch (1892- 1947), maestro mayor de la comedia. En la película, Benny es un actor polaco que durante la guerra interpreta a Hamlet y al llegar al famoso monólogo un aviador aliado se debe levantar para cumplir su misión, pero el actor sospecha que es el amante de su mujer, interpretada por la inolvidable Carole Lombard. Obra maestra de la comedia, que es la obvia inspiración de «Bastardos sin gloria», de Quentin Tarantino.

 

 

Comentarios

  • "Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria", Alvaro Siza (1933), arquitecto portugués.
  • "Nunca he dejado que mis estudios interfieran con mi educación", Mark Twain (1835 - 1910).