BALTHUS, SU GATO, Y ANNA

13/01/18 — POR

La mejor manera de comenzar es decir “Balthus es un pintor del cual no se sabe nada. Y, ahora, contemplemos sus obras”.

Por Juan José Santos M.

90_ArtesVisuales_Balthus-1

Balthus en su casa en 1999.

El artista nonagenario sentado en su cochambrosa silla, observando anonadado el cuadro aún por terminar, viendo el reflejo en un pequeño espejo de plástico. Una montaña de colillas humea a su lado. El sonido del engranaje que posibilita el movimiento de un gato autómata es el único ruido del estudio. Ni siquiera la pequeña Anna, la modelo que está posando desnuda frente al pintor, emite algún sonido. En el gran óleo sobre lienzo aparece la niña sentada en una silla, mostrando su cuerpo con un ademán desapegado. Una figura que algunos interpretarán como la del propio pintor, está descubriendo las cortinas de la estancia para que la luz bañe el interior. Sin ese gesto, lo que veríamos sería una gran mancha negra.

EL AMANECER DE PARÍS

Se cumplen cien años del nacimiento del Conde Balthasar Klossowski de Rola, que de conde no tenía nada (París, 1908-Rossinière, Suiza, 2001). Balthus, uno de los pocos artistas que en vida tuvo obras en la colección del Museo del Louvre, será recordado este año más por su controversial biografía que por su carrera. Las polémicas cubrieron con su invencible sombra la obra de quien fuera un creador alejado de toda norma y convención.

Nunca fue a una escuela de arte. Su universidad fueron los museos. Copiaba a los grandes maestros, con especial predilección por Piero Della Francesca, cuya obra vio en 1926 en una visita a Florencia. Hijo de Erich Klossowski, un historiador del arte, y Baladine Klossowska, artista, tuvo en París un entorno privilegiado y culto que le permitió volcarse en el dibujo sin tener que cumplir con los compromisos escolares. Sus años de formación fueron acompañados por el poeta Rainer María Rilke –de quien se dice era amante de Baladine–, una influencia que le marcaría para siempre. Pierre, su hermano mayor, fue un apasionado por el arte, pero también por la filosofía y la literatura (era fanático del Marqués de Sade, y llegó a publicar una nueva edición de sus «120 días de Sodoma». Al público chileno le puede sonar su apellido: fue autor de la novela en la que se basó Raúl Ruiz para su filme «La vocación suspendida», de 1978). Jean Cocteau, amigo de la familia, se inspiró en este peculiar hogar para concebir su «Les Enfants Terribles» (1929).

Balthus encontró la motivación artística con las jóvenes que posaban para él –y, en muchas ocasiones, en la compañía de gatos-. Niñas en posiciones insinuantes, con poca ropa, en posturas inverosímiles en interiores. Con una estética deudora de Pierre Bonnard y de Paul Cézanne, el artista seguía un canon clásico que, aún ligado a las corrientes del momento, era más cercano a los renacentistas que a los impresionistas. La obra que abrió la caja de los truenos fue «La lección de guitarra» (1934), en la que aparece una escena erótica entre una joven alumna y una profesora. Lejos de amilanarse tras el escándalo que generó ese trabajo, Balthus ahondó en esa dirección: de entre 1936 y 1939 datan los retratos de Thérèse Blanchard, una vecina del artista que posaba para él con tan sólo once años. Una de sus modelos anteriores, Antoinette de Watteville (1912-1997), se convertiría en su mujer en 1937. Su labor pictórica, aunque encontraba eco en las polémicas parisinas, no era reconocida ni por el gran público, ni por los expertos de arte. Algunas excepciones, como la admiración que le profesaban Pablo Picasso o Albert Camus (quien le encargó los decorados y el vestuario de su obra «L´État de siège»), le sacaban momentáneamente de la oscuridad.

Como existe oscuridad en todo lo concerniente a su obra. Algunos críticos hablan de enigma a la hora de abordar sus cuadros, en los que siempre hay una narración, una acción que ocurrirá momentos después de que el espectador gire su cabeza. Hay una amenaza latente e inminente, algo trágico que va a suceder. Muchos han interpretado esa sensación de peligro cercano como metáfora del descubrimiento de la sexualidad, y como el paso de la infancia a la pubertad. El caso es que Balthus nunca alentó tal incógnita, sino más bien al contrario. Para él, no había ningún rompecabezas que completar. Esa tozudez es similar a su constancia estilística: fue fiel a su estilo, desapegado de las modas, hasta el final.

90_ArtesVisuales_Balthus-3

«Thérèse dreaming».

EL RESPLANDOR DE CHASSY

En 1953 decidió instalarse en el Château de Chassy, en un entorno montañoso de la Francia de interior. Casi no volvió a aparecer por París, a la que había dejado de entender. La naturaleza y Frédérique Tison, su sobrina, eran sus musas. El paisaje de Chassy, desde entonces, sería una constante en su imaginario. El embelesamiento con un entorno natural privilegiado fue drásticamente interrumpido por un llamado ineludible. En 1964 fue nombrado director de la Real Academia de las Artes en Roma. Allí residió en el palacio de la Villa Médici, y se de dicó a restaurarlo. En esta época pintaba en forma esporádica a otras dos pequeñas infantes: Katia y Michelina. Se divorció de Antoinette en 1966 y se volvió a casar, en Japón, con la artista Setsuko Ideta (1943), en 1967 (año en el que su hermano Pierre fue arrestado por traficar droga junto con Brian Jones, el músico de los Rolling Stones). Balthus y Setsuko se mudaron a Rossinière, en Suiza, a mediados de los 70, donde el artista residiría hasta su muerte, en 2001.

90_ArtesVisuales_Balthus-2

«The Card Game», 1948-50

2.000 POLAROIDS 

En 2013, el periódico alemán «Die Zeit» calificó la muestra de 2.000 Polaroids tomadas por Balthus en sus últimos años como “documentos de una codicia pedófila”. En 2014, la muestra, que debía viajar a Essen para su exposición, fue cancelada. Las Polaroids eran tomadas para que fueran base de sus cuadros, y en ellas aparece Anna, su última modelo, en posiciones eróticas, a menudo sin ropa. En algunas fotos, Anna tenía ocho años.

A pesar de que Balthus, en vida, siempre había condenado la pedofilia, y que sus modelos siempre le defendieron (Michelina afirmaba que el interés del artista por las niñas era con la intención de acercarse al misterio de la vida, al paso de niña a adulta), su nombre siempre será acompañado desde entonces por la etiqueta de “degenerado”. Él, quien consideraba a las niñas criaturas angelicales y sagradas (en una ocasión dijo: “Las niñas son las únicas criaturas que todavía pueden pasar por pequeños seres puros y sin edad. Las jóvenes adolescentes nunca me interesaron más allá de esta idea”. También afirmó: “Las niñas para mí son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor es propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado”), y quien se acercaba a ellas más como otro niño que como un adulto, pasaría a la historia con la duda de la moralidad. En diciembre recién pasado, una vecina de Nueva York consiguió 8.700 firmas para que el Museo MET descolgara la obra de Balthus «Thérèse soñando» por incitar al voyeurismo y por sexualizar niños. El MET declinó la propuesta. “No estoy interesado en la manera en la que los adultos miran las cosas”, afirmó Balthus en su día. Cuando la Tate Gallery de Londres le pidió un texto para su exposición, el artista contestó: “La mejor manera de comenzar es decir: Balthus es un pintor del cual no se sabe nada. Y, ahora, contemplemos sus obras”. A la luz de su biografía, adentrémonos en su universo.

Comentarios

  • “Técnicamente no soy muy bueno, pero puedo hacer aullar y mover una guitarra”, John Lennon (1940 -1980).
  • “Conquistar sin riesgo, es triunfar sin gloria”, Pierre Corneille (1606-1684), dramaturgo francés.