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Colección MAC «POST 90 II»

26/06/18 — POR

Por César Gabler

Fotografía de obra «I was there», de Estudio Pezo-Von Ellrichhausen.

Con su título, este ciclo generó una expectativa que está muy lejos de cumplir: explicar un período amplio del arte en Chile, y ofrecer una visión explicativa –o al menos una interpretación– pero en la práctica es mucho menos. Sólo un conjunto de muestras parciales, unas logradas y otras inconexas. También un inventario extenso (e innecesario) de últimas adquisiciones, algunas en el sentido más coloquial de la palabra ‘última’. Esta nueva versión no es distinta, pese a ello ofrece una serie de obras que permiten leer una nueva dirección en la escena local: lo urbano. Tags: ciudad, arquitectura, construcción, desechos. Si tomamos en cuenta la instalación de la pareja Pezo-Von Ellrichhausen y la donación del colectivo Sagrada Mercancía, podemos entender la constitución de un tópico fuerte, que crece y se desarrolla en varias direcciones. Las que presenta esta muestra (y que habría sido interesante abordar en un conjunto pensado ex profeso) es la siguiente: la ciudad se expande de manera vertiginosa y junto a un apabullante desarrollo inmobiliario aparece también una visible preocupación por su historia y destino. El tema había aparecido en el arte local a comienzos del período cubierto por la exhibición. Pienso en los eriales de Voluspa Jarpa y más adelante en las cuidadosas maquetas de Leo Portus. En esas piezas lo urbano aparece en la dimensión de una ruina que el artista rescata antes de su desaparición. Algo de eso hay en la instalación de los arquitectos Pezo-Von Ellrichhausen que, en esta mis ma institución, habían presentado un edificio de altura, cuyos departamentos se recreaban desde un punto de vista decorativo. En esta instalación, siguen esa ruta, pero optan por la arquitectura patrimonial y recuerdan el «Si Vas para Chile», de Truffa-Cabezas. Las decenas de edificios que constituyen la obra recrean, con técnicas artesanales, piezas de arquitectura tradicional (resueltas en madera) e hitos de nuestra modernidad arquitectónica modelados en loza negra de Quinchamalí. Unos plintos altos –y de compleja factura– sostienen de manera individual cada una de las pequeñas piezas. El conjunto puede constituir una lectura paródica de nuestra tradición, pero también un guiño afable al turismo postal y a la artesanía, convirtiendo en souvenir una modernidad de la que recién parecemos ser conscientes. En una línea similar puede leerse la escultura de Cristián Salineros. La torre de alta tensión, un protagonista del paisaje carretero, interpretada como forma escultórica modernista, torre Eiffel de fabricación masiva y cuyos diseños presentan interesantes variaciones.

Su rescate aparece como ready made de trabajosa producción artesanal. La operación también puede reconocerse en las piezas de Sagrada Mercancía. Los artistas más jóvenes de la muestra cambian el foco hacia los restos de la construcción arquitectónica. Si en otros la atención ha estado puesta en la arquitectura y su reinterpretación desde un giro histórico y estilístico, estos jóvenes y otros cercanos generacionalmente, atienden a un mundo que en forma de materiales en bruto o desechos permiten construir obras de una escueta y a veces irónica presencia.

Podríamos estar ante una relectura, en clave situacionista, de la escultura post minimalista, particularmente en la obra de Santiago Cancino, quien retoma, quizás sin saberlo, una dirección que Joe Villablanca inició en la década que esta mega muestra recuerda. Como complemento, las pinturas de Pablo Ferrer, Daniela Rivera y Benjamín Edwards amplían un giro reflexivo hacia el espacio y su representación.

Museo de Arte Contemporáneo (Parque Forestal).
Hasta el 8 de julio

Comentarios

  • “Conquistar sin riesgo, es triunfar sin gloria”, Pierre Corneille (1606-1684), dramaturgo francés.
  • “En mis cuadros hay cosas improbables, no imposibles”, Fernando Botero (1932).