EL PODER DE LA MEMORIA

26/06/18 — POR

Memorial del 27F

Por Ignacio Szmulewicz R.

Ocho imponentes torres de concreto oscuro reciben al visitante en la ribera del río Biobío, antigua frontera del territorio nacional. De diseño y composición geométrica, las estructuras se alzan sobre el suelo como rocas o volcanes, metáforas del crecimiento de lo natural, o bien de las épicas construcciones prehistóricas. El recorrido por las torres incluye un sereno descenso desde el nivel de la calle hacia una explanada sumergida dos metros bajo la vista de los ciudadanos.

En su interior, las torres (o fumarolas, como algunos pencopolitanos las llaman) cierran la vista y simulan una fortificación ancestral hecha para la protección y el encuentro con lo primitivo y trascendental. La vista del espectador busca desesperadamente atisbos de cielo o bordes de salida, sin embargo, el rugoso concreto lo cierra todo, orientando la mirada hacia lo construido. La materialidad del suelo colabora en esa conexión con lo ancestral: un sinuoso camino de lajas depositadas como un mar de barcos rocosos. En su libre juego de cruces y movimientos, las piedras generan un manto horizontal, un paño celestial invertido del periodo lítico.

En las caras menos visibles, cada una de las torres esconde una gigantesca puerta metálica que lleva al visitante a un interior oscuro y dramático. Solo y abandonado, meditativo y reflexivo, el espectador abraza una negrura radical y penosa, llena de ecos retumbantes y misteriosos sonidos de un mundo dominado por la materia más antigua del universo. Dentro de cada torre yace una simple banca para el reposo contemplativo. Poco a poco el ritmo eterno del río se hace presente, junto con todos los sonidos naturales que devuelven al ser urbano a su ser primitivo.

El conjunto corresponde al Memorial de las víctimas del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010, que azotó el territorio de la Octava Región con una dureza y radicalidad sólo comparables con las del sismo de Valdivia en 1960. El proyecto pertenece a los arquitectos Agustín Soza y Ricardo Atanacio gracias a un concurso público. A cinco años de la polémica que rodeó su construcción y la recepción de parte de la comunidad, resulta significativo volver la atención hacia el futuro de un espacio que se encuentra en vías de transformación a raíz de la remodelación urbana que incluye el posicionamiento del Teatro Regional de Smiljan Radic.

Se suele identificar la memoria con algo anquilosado, dedicado a recomponer los días pretéritos con los aromas de la ternura y la bondad. Pocas veces somos capaces de enfrentarnos a la tempestad de mundos destruidos por hecatombes bélicas o desastres naturales. La posibilidad de volver a esos verdaderos acontecimientos en experiencias estéticas y reflexivas constituye uno de los mayores potenciales de los memoriales, en el cruce entre arquitectura, poesía, urbanismo, arte y paisajismo.

El Memorial del 27f, como se le conoce, ha sido juzgado por los habitantes del Gran Concepción como desproporcionado en escala y desconectado con su territorio y comunidad. Lo cierto es que el mayor desafío para su revitalización y redescubrimiento proviene de la misma comunidad que tanto lo rechaza. El programa de los sitios de memoria es tanto o más relevante que sus propias características espaciales. Es decir, la activación del espacio puede ser mayor e incluso potenciar sitios que no han podido calar en el imaginario. La utilización de un entorno cercano al río; las posibilidades sonoras de un entorno enterrado y protegido; el vínculo tanto al parque de las esculturas como al naciente teatro en términos de performance, teatro o danzas son posibilidades reales en un minuto en que el cuerpo necesita recomponer el vínculo con el territorio golpeado.

La percepción de que los memoriales son símiles de los mausoleos o de los cementerios no puede ser más errónea. Las infinitas posibilidades deben ser sopesadas en la medida que sirvan para la representación y el carácter lúdico, emotivo y reflexivo que la comunidad quiera darle. El abandono en que se encuentra actualmente es la manera más directa que tiene la propia ciudadanía de decirle al poder político que lo entregado para el recuerdo ha pasado al olvido. Doblarle la mano al destino debe ser uno de los desafíos inmediatos para la escena artística e intelectual de la ciudad.

 

 

Comentarios

  • “Muchas veces no hay guión ni nada. El guión lo hago al final. He llegado a hacer películas en dos días y medio”, Raúl Ruiz (1941-2011).
  • "La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga", Andy Warhol (1928 - 1987).