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EL RELATO MÍTICO DE SACO

21/09/17 — POR

La Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta culmina el 15 de septiembre.

Por Ignacio Szmulerwicz R

Fotos: Archivo SACO

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Ana Mosquera: «Paisajes Invisibles».

Los amantes del trópico de Capricornio

De relatos y ficciones vive el mundo del arte y éste es uno de los más fascinantes de los últimos años. Cuenta la historia de cómo una perdida ciudad en el desierto más seco del mundo se convirtió en menos de diez años en el centro de un polo artístico. Las líneas que siguen son el prólogo. Si captan su atención, completar la novela será un ejercicio de todos. Antofagasta ha sido sinónimo de muchas cosas pero no de arte. Desierto, inmigración, minería, industria, recuerdos bélicos mezclados con grandes 4×4, hoteles de lujo y un centro urbano no menos caótico que el del resto de las metrópolis latinoamericanas. Lo cierto es que desde hace algunos años se ha convertido en el sitio de una escena de arte contemporáneo. Comenzó con el vaivén de eventos de intervención urbana, la modalidad más flexible y visible que tiene esta expresión artística para instalarse en el imaginario citadino. Para pensar el problema de la propiedad y del valor del suelo, se agrupó una serie de artistas bajo el nombre de Se Vende, que en diversas versiones pusieron a prueba los problemas de Antofagasta. De ese impulso inicial nacieron los principales gestores: la artista visual Dagmara Wyskiel, Directora del evento; y Christian Núñez, Productor General. Unos años después, el colectivo Se Vende dio el salto al vacío y cortó la cinta blanca con la Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta (SACO). Nombre rimbombante y ambicioso con el que buscaban potenciar una zona para artistas y, además, dejar una marca significativa en la ciudad.

A diferencia de otras iniciativas que buscan activar los confines del paisaje y del territorio nacional –para algunos críticos una nueva forma de “turismo cultural”–, como ha sido el caso del proyecto Islaysén de Catalina Correa, o el programa de investigación Ensayos en Tierra del Fuego, SACO ha querido desde su inicio instalarse como una plataforma institucional para el desarrollo de una escena artística alternativa. Sus acciones han estado impulsadas hacia la conformación de una infraestructura lo suficientemente sólida que permita la continuidad y, finalmente, el sostén de un programa estable. En 2016, los gestores de SACO incorporaron un espacio de formación y residencias llamado ISLA (Instituto Superior de Arte Latinoamericano) que, sumado a Casapoli en Tomé-Concepción o a la red de espacios en Valparaíso, es el único recinto adecuado para albergar proyectos de investigación de largo alcance para el arte contemporáneo nacional e internacional en Chile. Se quiera o no, la última década ha demostrado que para entender y apreciar una porción significativa del arte chileno se requiere de la actitud aventurera y outdoor que ha llevado a artistas, gestores, curadores, teóricos e historiadores hacia los confines más inhóspitos e impensados, en el extramuro de los reductos de protección que durante décadas fueron el centro del mundo del arte, es decir, la academia y el museo.

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Fernando Foglino: «Infraestructuras para el amor» y «Fragmentos para un discurso amoroso» de Paz Castañeda

All you need is love

SACO celebró su sexta versión entre julio y septiembre. Con una energía inédita, el evento incluye una muestra central, ubicada en el Muelle Histórico Melbourne & Clark, con la presencia de siete artistas latinoamericanos seleccionados por convocatoria abierta: Paz Castañeda y Nicholas Jackson, de Chile; Lucía Warck-Meister, de Argentina; Adriana Ciudad, de Perú; Fernando Foglino, de Uruguay, y Ana Mosquera y Oscar Pabón, de Venezuela. Un grupo ecléctico unido bajo un insólito guión curatorial titulado «AMOR: decadencia y resistencia». Utilizando el conocido concepto de Zygmunt Bauman sobre la sociedad actual definida por un “amor líquido”, la curatoría buscaba atender a los vaivenes recientes del país, especialmente centrados en los conflictos económico-políticos, como un reflejo de las relaciones humanas donde los afectos parecen haberse disuelto en un mar de buenas o falsas intenciones. De forma paralela, SACO gestionó cinco exposiciones simultáneas en diversos sitios de Antofagasta y Pisagua, que incluyeron a artistas jóvenes como Pilar Elgueta (ganadora del concurso de Arte Joven del MAVI) o David Corvalán (ganador de FAXXI SACO 2017), junto con algunos nombres imprescindibles de la escena nortina, como Juana Guerrero, Vania Caro Melo, María Inés Candia y Catalina González (algunas que fueron parte de la muestra «Chile limita al centro»). La actual versión dio cuenta del alcance que ha ganado SACO en términos de movimiento artístico para la ciudad. Al incluir un circuito amplio de lugares y recintos expositivos, en un periodo extendido de dos meses, esta iniciativa se tomó por asalto el debate ciudadano, desplazando el eje desde los tradicionales centros de poder hacia el mundo del arte. Como en versiones anteriores, el guión curatorial incitó a un debate. Sucedió en SACO 1 «Arte+Política+Medio Ambiente», en 2012, tema que ha reverberado en la muestra de este año «¡Ejemplos a Seguir!», en el Parque Cultural de Valparaíso, pasando por SACO 2 de 2013, centrado en las gestiones autónomas, hasta SACO 3 «Mi Vecino el Otro», de 2014, preocupado por los conflictos limítrofes, poniendo en diálogo a artistas chilenos, peruanos y bolivianos. Cada evento ha sido dinamizador de debates y puesta en valor de problemas clave para la escena artística nacional e internacional.

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Lucia Warck-Meister: «Intersticios del amor: Decadencia y resistencia».

Poción de amor Nº 9

SACO ha superado tres resquemores que por muchos años el arte chileno ha sostenido como pilares inamovibles. El primero tiene que ver con la idea de espectáculo. Lo cierto es que SACO es un evento de gran envergadura que involucra una gestión compleja, asociativa y de diversos actores, tanto locales como nacionales. Como sus primos hermanos, el SANFIC o Teatro a Mil, busca atraer y cautivar a un público masivo y heterogéneo y para hacerlo no teme utilizar estrategias de difusión y posicionamiento tan propias de los espectáculos masivos. Para la envidia de muchos, esto no ha significado un decaimiento de la función crítica. Por el contrario, su posicionamiento mediático, la cautivación e inserción local y económica con la ciudad le han permitido discutir asuntos que muchas veces el arte ha pasado por alto. Un arte que casi siempre se aproximaba al desierto con la plena satisfacción de abordar ruinas de un pasado enterrado. En segundo lugar, para SACO ha sido central la mediación y la educación. Entendiendo los vacíos y necesidades de una ciudad sin formación artística, ha querido subsanar ese problema obligando y requiriendo de cada visitante una devolución en términos de charlas, talleres y workshops que dejen en la comunidad local un valor pedagógico perdurable. Por lo mismo, ha estado en la vanguardia respecto de las posibilidades que puede abrir el arte en el actual debate por la formación de las personas, cuestión que poco a poco ha permeado con mayor intensidad todas las instituciones culturales del país. Así, SACO ofrece no sólo un paliativo sino que se basa en la educación como una piedra angular para la producción de arte contemporáneo. Finalmente, frente a todo el malestar que la escena artística exuda respecto de asignación de fondos, el centralismo, nepotismo y todos los ismos posibles, SACO ha sabido ir más allá de las autonomías que las escenas y los espacios independientes han querido instalar. Su perfil asociativo e integrador remueve los cimientos de las políticas culturales del país al no basar su funcionamiento ni en la infraestructura ni en la asignación directa. Quizás el modelo más parecido sea el del Festival de Cine de Valdivia, de perfil internacional y de nicho precisamente por la calidad de su programación y gestión. El fallido intento de la Trienal de Chile en 2009 dejó una seguidilla de hijos maltratados y padres castigadores. La visita a la sexta versión de SACO le devuelve al espectador una pizca del amor perdido hacia el arte y los artistas.

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Oscar Abraham Pavón: «Melancolía: el pabellón del despecho»

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Adriana Ciudad: «Las amazonas, ¿amor o carne?»

 

Comentarios

  • “Me gusta que el flequillo me cubra los ojos: eso me ayuda a tapar las cosas que no quiero ver”, Raquel J. Palacio, escritora estadounidense.
  • "El paso de los años es inevitable; envejecer, una opción", Anónimo.