EL SUEÑO DE UN REY LOCO

29/01/18 — POR

“Mi intención es convertir las ruinas del castillo de Hohenschwangau, reconstruyéndolo en el auténtico estilo de los antiguos castillos de los caballeros germanos, y debo confesar que estoy ansioso por vivir allí algún día (…) usted conoce al venerado huésped que me gustaría acomodar ahí; la ubicación es una de las más hermosas que pude encontrar, sagrada e inaccesible, un templo digno para el divino amigo que ha traído la salvación y la verdadera bendición al mundo” (Carta de Ludwig II a Richard Wagner, mayo 1868).

Por Maria Teresa Herreros A.

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Neuschwanstein (“el nuevo cisne de piedra”) sirvió como inspiración para el Castillo de la Bella Durmiente, imagen icónica de Disneylandia.

Ubicado al suroeste de Bavaria, en el vertiginoso acantilado de una colina con vista a bellísimos parajes del Tirol, el Castillo de Neuschwanstein fue concebido y encargado por el Rey Ludwig II de Baviera (1845-1886) para ser su retiro y hogar, y soñado para acoger su inmenso entusiasmo por las óperas de Richard Wagner (a quien apoyó financieramente para construir el teatro de Bayreuth, diseñado por el propio músico para escenificar su concepción de “la obra de arte total” y donde hasta hoy se realizan los famosos Festivales dedicados a sus composiciones líricas).

El estilo básico fue originalmente planeado para ser Neogótico, pero finalmente primó el estilo Románico. Las formas de éste (figuras geométricas simples, como rectángulos y arcos semicirculares), también del Gótico (las líneas apuntando hacia lo alto), las torres delgadas, los adornos delicados y el Arte Bizantino fueron mezclados de una manera ecléctica y complementados con los logros técnicos del siglo XIX.

La piedra fundacional del castillo fue colocada el 5 de septiembre de 1869; a fines de 1882 se completó y equipó en parte, permitiendo a Ludwig tomar alojamientos esporádicos allí y observar los trabajos en curso, supervisando hasta los más mínimos detalles.

Por cerca de dos décadas, esta construcción fue la principal fuente de trabajo en la región. En 1880, cerca de 200 artesanos fueron ocupados, sin contar a otras personas indirectamente implicadas en la tarea. En ocasiones, cuando el Rey insistió en plazos particularmente estrechos y cambios urgentes, según consta, hubo hasta 300 trabajadores activos por día, a veces laborando por la noche a la luz de lámparas de aceite.

Los muros interiores están decorados con murales que representan escenas de «Lohengrin», «Tannhäuser» y «Parsifal», basados en los originales de los escenó- grafos de esas óperas. En el Salón Privado del Rey, un cisne arrastra la barca que transporta a Lohengrin, el Caballero del Santo Grial. Hay constancia de las instrucciones precisas del monarca para esta pintura: “Su Majestad desea que la nave sea colocada más lejos de la costa, que el cuello de Lohengrin esté menos inclinado, que la cadena de la nave al cisne sea de oro y no de rosas…”.

El Rey financió el costo de la edificación con su fortuna personal y también con importantes préstamos en los que se vio obligado a incurrir hasta la bancarrota, sin acudir a los fondos públicos de Bavaria. Su más ferviente deseo era que Wagner visitara el castillo, pero para 1884, cuando al fin se pudo mudar al edificio todavía sin terminar, el compositor había fallecido…

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El rey Ludwig II de Bavaria

El castillo fue abierto al público poco después de su muerte y desde entonces ha recibido a más de 61 millones de personas, con un promedio de 1,3 millones al año, 6.000 de ellas diariamente en meses de verano. Es uno de los lugares turísticos más visitados de Europa. Y sirvió como inspiración para el Castillo de la Bella Durmiente, imagen icónica de Disneyland. Debido a su apartada ubicación, el edificio sobrevivió a las dos Guerras Mundiales sin daños.

LUDWIG II DE BAVARIA

Conocido como el “Rey Loco” y el “Rey Cisne”, Luis II nació junto al Lago Starnberg, Bavaria, en 1845. En su infancia fue sometido a un estricto régimen de estudio y ejercicios que, según los estudiosos, serían la causa de muchos de sus extraños comportamientos adultos. En su adolescencia se aficionó a la lectura, a la poesía y a la ópera de Richard Wagner. En esa misma época inició una amistad y un afecto de por vida con su prima Elizabeth (Sissi) quien llegaría a ser Emperatriz de Austria y que lo apoyó en momentos de crisis de su vida.

A los 18 años, a la muerte de su padre Maximiliano II, Ludwig accedió al trono de Bavaria en el que reinó entre 1864 y 1886 con especial popularidad entre sus súbditos. Simple continuador de las políticas de su progenitor, sus verdaderos intereses fueron el arte, la música y la arquitectura. Uno de sus primeros actos de gobierno fue convocar a Richard Wagner a su corte.

De carácter excéntrico e introvertido, contrario a actividades públicas y formales, su desinterés en las labores de gobierno le causaron graves tensiones con el equipo ministerial.

Aun cuando se le exigía dar un heredero al trono, Ludwig nunca se casó ni tuvo amantes. Hay testimonios de su fuerte tendencia homosexual, contra la cual luchó toda su vida, permaneciendo fiel a su fe católica romana.

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Sala del trono de Neuschwanstein.

Su profunda pasión por la ópera de Wagner, que colmaba todas sus fantasías, se inició cuando vio «Lohengrin» por primera vez, a los 15 años, y poco después «Tannhäuser».

En 1864, Wagner, de 51 años, escribió luego de su primer encuentro con el joven rey: “Ay, él es tan guapo y sabio, conmovedor y adorable, que me temo que su vida deba esfumarse en este mundo vulgar como un sueño fugaz de los dioses”. Ludwig II fue probablemente quien salvó la carrera artística de Richard Wagner. Incluso la conducta extravagante y escandalosa del compositor obligó al soberano a expulsarlo de Múnich, llegando a considerar su propia abdicación para seguirlo a Suiza, donde le proporcionó una residencia. El Rey destinó su fortuna personal a la construcción de una serie de muy elaborados castillos: Neuschwanstein, Linderhof, Herrenchiemsee, entre los principales. Apartado de los asuntos políticos, se dedicó a la creación y construcción de ellos, supervisando, modificando y aprobando cada detalle de su arquitectura, decoración, amoblado.

Ubicados en regiones relativamente pobres, su construcción dio empleo a muchos cientos de trabajadores y artesanos. Aun cuando el rey financiaba éstos, sus proyectos favoritos, se endeudó fuertemente con su familia y, desoyendo los avisos de su ministerio de finanzas, prosiguió con sus opulentos planes.

Su empecinamiento, sus extrañas conductas, su indiferencia por los asuntos de Estado, sus actitudes infantiles, fueron motivo de la decisión de los ministros de declararlo mentalmente enfermo, incapaz de gobernar y decidir su deposición el 10 de junio de 1886.

Después de varios intentos y de resistencia real, Ludwig fue encerrado en el castillo Berg en la ribera del lago Starnberg. Al día siguiente, en la tarde del 13 de junio de 1886, pudo salir a una caminata, acompañado de su médico, de la cual no volvieron. Cerca de medianoche sus cuerpos fueron encontrados en agua de poca profundidad en la playa del lago.

La muerte del Rey fue oficialmente declarada como suicidio. La autopsia reportó no haber encontrado agua en sus pulmones. Los restos de Ludwig II fueron vestidos con los atavíos de la orden de San Huberto, sosteniendo un ramillete de jazmines blancos recogidos por su prima Elizabeth. Fue enterrado en la cripta del Michaelskirche, en Múnich. Su corazón, sin embargo, no yace con el resto de su cuerpo. La tradición bávara contemplaba que el corazón del Rey fuera guardado en una urna plateada y enviado a Gnadenkapelle (Capilla de la Misericordia) en Altötting, donde fue colocado al lado de los de su padre y de su abuelo.

Comentarios

  • "La música se desarrolla en el tiempo, la arquitectura también", Le Corbusier (1887- 1965).
  • "No creas todo lo que piensas", Byron Katie (1942), conferencista estadounidense.