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FORMAS DE LIBERTAD

17/06/18 — POR

Matucana 100 presenta una retrospectiva del artista internacional Carlos Motta. La muestra condensa veinte años de trayectoria y ya fue presentada con éxito en el MAMM, de Medellín.

Por César Gabler

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El colombiano Carlos Motta (Bogotá, 1978) vive en Nueva York y tiene a sus espaldas una extensa y exitosa carrera internacional. Su obra es política al menos en dos sentidos. Por un lado, problematiza las consecuencias de la violencia estatal en el continente, de la mano de golpes de estado e intervenciones militares Made in U.S.A. Una paradoja si pensamos en su ya extensa residencia en ese país. A esa preocupación –de amplia data en el arte latinoamericano– suma su inquietud por la identidad de género y su relación con el poder.

–Tu retrospectiva en Matucana 100 llega en un momento muy sensible. A partir del éxito internacional de la película chilena «Una Mujer Fantástica», aquí se ha abierto un intenso debate sobre la identidad de género. En paralelo, la Iglesia chilena está sacudida por escándalos de abuso sexual, ¿cómo has desarrollado en tu obra la reflexión sobre el poder católico y las identidades sexuales disidentes?

“La reflexión crítica acerca del poder y la influencia de la Iglesia Católica y su estricto dogma de control social, cultural y político en la construcción de las subjetividades personales y colectivas ha sido una parte fundamental de mis investigaciones artísticas e intelectuales. En trabajos como «Trilogía Nefanda» y «Hacia una historiografía homoerótica» (2013-2014), examiné los procesos de erradicación de culturas indígenas durante la conquista de América y durante el periodo colonial, y la manera en que la moral católica se utilizó como justificación para actos de imposición violentos que resultaron en el genocidio de etnias y culturas enteras, así como de su producción cultural. Estas obras se enfocan en la condena enfática de las sexualidades diferentes, en nombre de la protección del pecado-crimen…”.

–¿En qué forma?

“Me aproximé a esculturas producidas por diferentes grupos indígenas prehispánicos que sobrevivieron a la destrucción de la Conquista y que representan actos homo-eróticos para preguntarme, primero, qué enseñan acerca del entendimiento del cuerpo, del deseo, y del placer para estos grupos; y segundo, por qué estos objetos han permanecido en los márgenes de los estudios de las ciencias sociales. Entendí de una forma clara cómo la Conquista no fue sólo una apropiación territorial sino una serie de imposiciones epistemológicas irreparables. Mi interés no fue tanto el indicar que en las culturas antiguas existían ‘homosexuales’, sino señalar la construcción de modelos de conocimiento limitados por una génesis religiosa inescapable”.

–En tu instalación «Réquiem», amplías el alcance de esa reflexión…

“En «Réquiem» (2016) mi investigación se enfoca en el mito de la crucifixión de Cristo, y el sentido atribuido a la misma como un proceso de redención divina, y utilizo el trabajo de las teólogas feministas y queer (rara), la argentina Marcella Althaus-Reid y la noruega Linn Tonstad, para presentar una serie de reflexiones interseccionales donde la redención no es sólo un proceso espiritual sino una rectificación socioeconómica del presente capitalista, y para queerizar la teología y sus historias fundacionales. El proyecto usa la forma de un réquiem y está dividido en tres partes, una performance del «Libera me», de Gabriel Fauré, por el excéntrico cantante italiano Ernesto Tomasini, quien en una suerte de drag radical, con una voz muy baja y un atuendo femenino, implora el perdón divino. En la segunda parte, Tonstad expone la relación entre la religión y el capitalismo usando el trabajo de Althaus-Reid y su enfoque en la exaltación del cuerpo queer. Y en la tercera, hice una representación performática (documentada en video) de la crucifixión de San Pedro, de Caravaggio, donde dos artistas de bondage me cuelgan de los pies en una capilla franciscana del siglo XVI de una forma bastante fetichista y homoerótica. «Réquiem» es un proyecto bastante personal que contribuye a otra manera de leer historias generalmente asumidas como verdad”

–Tus estrategias formales arrancan tempranamente con una serie de autorretratos donde explotas tu identidad sexual: ¿cómo lees hoy esas obras?

“Encontré los negativos de «Autorretratos sin título» (1998) en mi bodega hace tres años. Había olvidado esta serie que hice durante mis tiempos de estudiante y me encontré unas imágenes inquietantes donde presento claramente una exploración de mi cuerpo y de mi sexualidad muy cercana al pensamiento crítico que desarrollaría sobre estos temas años más tarde. Leo estas imágenes como visiones de un futuro venidero, pero también como un proyecto intuitivo, visceral y muy personal. Al final de los años 90 mi madre luchaba contra tumores cerebrales que eventualmente la matarían y yo me desarrollaba paralelamente como un homosexual fuera del molde conservador de la sociedad colombiana. Cuando miro las contorsiones, los juegos con mis órganos sexuales y las viñetas representadas en estas fotos, lo que veo no es una crítica discursiva acerca de las políticas de la sexualidad, sino un proyecto de autoconstrucción y auto-entendimiento en un momento específico y bastante difícil de mi vida. En retrospectiva, las veo en línea con una tradición de retratos queer, en línea con los retratos del Grupo Chaclacayo o, incluso, de las Yeguas del Apocalipsis, respetando las notables sustanciales diferencias de contexto y contenido entre sus obras y la mía. Mis fotos también presentan un queer latinoamericano que creció en ese contexto geográfico y cultural”.

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–En tu obra reciente te vales de la escultura, casi siempre traducciones de imágenes pre-existentes extraídas de la estatuaria, del arte e, incluso, de la fotografía, ¿cómo trabajas estas piezas? Te lo pregunto desde la reflexión intelectual al proceso técnico.

“Los tres proyectos recientes en los que he desarrollado copias de esculturas, fotografías e ilustraciones históricas en oro, plata y tumbaga, así como impresiones 3D –«Hacia una historiografía homoerótica» (2014), «Querida Martina» (2016) y «Los salmos» (2018)– son intentos de re contextualizar figuras que han sido excluidas o fetichizadas por la historia del arte. Las esculturas de «Querida Martina», por ejemplo, presentan un grupo de diez figuras de hermafroditas de una forma digna y que desafían la mirada clasificatoria y autoritaria de las instituciones que producen conocimiento. Son presentadas como tal sin pedir disculpas y su contexto es amplificado como una colección de sujetos con una historia particular no una estigmatización de los cuerpos que representan. En este sentido, formalmente la técnica de impresión 3D así como su tamaño, que es el tamaño de las figuras que podrás comprar como suvenires en la Acrópolis o en otros museos de historia y arqueología, son consideradas con atención. Me gusta la idea de que una impresión 3D es una suerte de copia Xerox infinitamente reproducible y no muy preciosa”.

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–Eso me lleva a pensar en la condición general de obra. Puedes calificarte como un artista multidisciplinario y político. Quisiera detenerme en este punto y particularmente en tu relación con Estados Unidos.

“Mi obra en general (desde los proyectos tempranos donde investigué el intervencionismo americano y las condiciones de violencia en Latinoamérica, hasta los proyectos actuales, en los que el foco se ha centrado en las políticas sexo genéricas) investiga la noción, categoría y concepto de la ‘democracia’ como el sistema de gobierno más apto para el mundo. He intentado cuestionar su implementación y percepción por parte de comunidades minoritarias y dar lecturas alternativas de historias dominantes. Algo que ha sido muy importante para mí es la idea de auto-representación y colaboración. En todos los proyectos he estado muy atento a no asumir la experiencia de las personas sino de crear metodologías de escucha y participación donde el sujeto es también agente de su propia representación. Espero que mis obras se lean de esa manera”.

–Una preocupación que comparte de una manera radicalmente distinta Ai Wei Wei, artista con el que coincides en Santiago, ¿qué te parece?

“Jaja. Respeto su trabajo y su dedicación. Si le pudiera pedir una cosa sería que expandiera su horizonte y viera las cosas en el mundo desde una perspectiva menos de ‘macho’ ”.

Comentarios

  • "Ríe y el mundo reirá contigo, ronca y dormirás solo", Anthony Burgess (1917 - 1993), escritor y compositor inglés.
  • "La perfección mata, la sabiduría comete un error cada día", Anónimo.