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Hernán Cruz «MARES BLANCOS»

24/06/18 — POR

Por César Gabler

Hernán Cruz Somavía (1960) se suma a la cofradía de los arquitectos pintores, una estirpe que incluye a Nemesio Antúnez, Borja García-Huidobro y Roberto Matta como astro rey. La lista –cómo no– incluye al padre del propio artista: Luis Alberto Cruz, fundador de la Escuela de Arquitectura de Valparaíso. Hernán Cruz se nutre, como pintor, de las mismas ideas que alimentan a Amereida: comunión con el territorio y deseo de redescubrir nuestro continente. Su destino aquí fue el altiplano, particularmente sus desiertos y salares. Cada una de las series que conforman esta muestra abordan –desde la imagen a la materialidad– distintos aspectos de su travesía en lenguaje abstracto.

La serie «Estratos de Salares», por ejemplo, presenta un grupo de grandes composiciones sobre lino montadas en cholguán, ahí las manchas parecen derrames de sedimentos geológicos, como si el pintor intentara recrear en la tela la experiencia táctil y material de aquel desierto. El azar, un fetiche de la abstracción moderna, adopta aquí un carácter cercano al informalismo, los materiales actúan sobre los soportes. Su naturaleza condiciona la imagen. Esa estrategia visual continúa en otra serie, «Montañas Sedimentarias». Los derrames se convierten en territorios a escala. De pronto, el autor produce con la pintura un espacio que puede ser la proyección de un paraje imaginario o el equivalente pictórico de aquello que la naturaleza y el tiempo hacen en miles de años. Los soportes empleados dejan de ser un espacio ilusorio y en su planitud semejan al universo representado.

Lo haya o no pensado así, la muestra puede leerse desde ese lugar, como una traducción pictórica de al menos dos problemas: el colorido y materialidad altiplánicos y el paisaje desde una visión topográfica. Y por qué no, el artista en plan pequeño dios. Comparte el mismo objetivo de los viejos paisajistas, pero sustituye el ilusionismo cromático y trabaja directamente con los materiales del lugar. Quizás lo más interesante en esa línea sea su cuaderno de artista desplegable. Una mancha extensa convertida en un mapa –o paisaje aéreo– intervenido con la precisión de un pintor chino. Todo aquello es muy distinto a lo que ofrecen artistas de generaciones más recientes, cuyos viajes y experiencias aparecen traducidos (o reducidos) a un arsenal recopilatorio de fotos o videos y expuesto con las trazas de la museografía y el archivo. Cruz, en cambio, deja fluir su filia poética, e incluso en sus fotografías y video convierte el espectacular salar de Uyuni –en Bolivia– en registro subjetivo. El creador se enrolla en su lino (como una guagua altiplánica) y se lleva algo de allí, la sal, entre los poros de la tela que lo cobija, como si en aquel desierto volviera al vientre materno. Más pachamámico imposible. Esa podría ser la metáfora matriz de la exposición, su recreación abstracta y .material de una experiencia vital y geográfica.

Museo de Artes Visuales, Mavi (José V. Lastarria 307.
Teléfono: 22664-9337). Hasta el 15 de julio.

Comentarios

  • “No puedes esperar que los dos extremos de una caña de azúcar sean dulces”, Proverbio.
  • "Pa' cantar de un improviso se requiere buen talento, memoria y entendimiento, fuerza de gallo castizo", Violeta Parra (1917 - 1967).