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LA FAMILIA COMO ALEGORÍA DE UNA SOCIEDAD

21/11/17 — POR

“La literatura es el mundo al que se puede acudir para buscar las claves de la realidad”, dice Ignacio Martínez de Pisón, autor de «Derecho natural».

Por Nicolás Poblete Pardo.

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     © RICARDO MARTÍN_ revistamercurio.es

Con motivo de la publicación de «Derecho natural», el premiado escritor Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) comenta cómo la tradición realista le ha permitido organizar su obra para hablar de la familia como alegoría: su erosión es síntoma de una problemática sociocultural. Fijando la historia en Barcelona en los años 70 y en Madrid durante la década del 80, esta obra resulta especialmente punzante por sus observaciones sobre la transición española y las secuelas del franquismo, que parecen estirar sus raíces hacia generaciones futuras. Con un elenco a la vez estrambótico y tierno, la novela propone debates que urge atender.

-Escribes ensayo, cuentos, novelas, guiones. Háblanos de este último registro. “Era un sueño de infancia. El de mi novela «Carreteras secundarias» (1996) fue una primera experiencia. Aunque no es mi profesión, la escritura de guiones me ha servido mucho para estructurar mis novelas. El lector sabe que el narrador lo está cogiendo por el cuello y lo está llevando hacia algún sitio… que no le deja descanso. Creo que tenemos que recuperar el viejo vínculo entre autores y lectores, donde la literatura sigue siendo una fuente de placer y no de aburrimiento. Por algo ciertas series están en su mejor momento: son la intermediación entre el ser humano y la realidad, lo que nos ayuda a interpretarla. Ese papel que durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX lo teníamos los novelistas, ahora se lo han quedado los directores y guionistas. Próximamente, Mario Barroso dirigirá un filme basado en mi novela «El día de mañana», donde cuento la historia de un policía secreto franquista en los años previos y posteriores a la muerte de Franco”.

-En tu novela se habla mucho del concepto de “perdón”. ¿Qué acompaña a esta necesidad de ser perdonado y buscar este tipo de redención? “Siempre en mis novelas hay una mezcla de culpa y redención y no sé si viene de mi educación católica, pero es verdad que todos los personajes que hacen algo incorrecto, en algún momento de sus vidas se arrepienten y pretenden rectificar. Tiene que ver con el enfoque de los caracteres, con su profundidad, en los momentos en que se comportan bien y en los que se comportan mal y, precisamente, el sentimiento de culpa y la necesidad de redención nos ponen en el lado del bien. En la novela lo vemos en el narrador, quien viene de una familia donde los padres han constituido un matrimonio y una familia desastrosos y él quiere evitar caer en ese error”.

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                                  «DERECHO NATURAL» Ignacio Martínez de Pisón

 

-Las máscaras sociales de las que hoy disponemos, ¿son estrategias para lidiar con la realidad? “Sale de nosotros una versión que probablemente no conocíamos. Te conviertes en otra persona. Las redes sociales te sacan de tus ‘yoes’ posibles. Y a veces alguien que es muy manso y pacífico en su vida real, en esa otra vida virtual es el hombre más agresivo y ofensivo del mundo. Creo que ese juego con las diferentes personalidades que conviven en nosotros es lo que hace también atractivo y peligroso ese mundo de las redes sociales. Al principio, también pensaba que Facebook era como un juego, luego he restringido mucho lo que pongo porque sé que es un medio de comunicación público. Lo que pones ahí queda para siempre y la tontería que un día pensaste te podrá ser reprochada dentro de treinta años, como si tuviera vigencia y como si tú siguieras pensando eso, cuando quizá fue algo espontáneo que no debiste decir. Pero mi novela no alcanza a cubrir esto. La generación que venga ahora seguramente encabezará una nueva propuesta narrativa que tenga que ver con eso”.

-También destacas aspectos de las relaciones de pareja y hay una preocupación por las diferencias de género. ¿Cómo ves la realidad matrimonial hoy? “Hay rasgos que son eternos: los celos, el afán de posesión de una persona, existirán siempre en las parejas. Se controlará más o menos, pero esa inclinación permanece. Si te fijas, es también una lucha de posiciones, porque al principio es la mujer (Luisa) la que quiere poseer a su marido y está dispuesta a tolerar ciertos extremos bajo la premisa ‘es mi hombre’, y cuando por fin puede cortar esa relación, surge el afán de posesión del hombre. ‘Tú eres mía’, ‘Volverás de rodillas a mí’, etc. Como esta historia transcurre antes de que se legalice el divorcio en España, eso hace que esas rupturas y tensiones tengan una visibilidad especial. Incluso ahora (cuando los mecanismos legales permiten armonizar los intereses de unos y otros) esas inclinaciones existen y el hecho es que cada año en España se mata a 60 mujeres por esta posesión llevada a un extremo enfermizo. Algo que no varía. Es una enfermedad que nos hace recordar la frase ‘la maté porque era mía’ ”.

-Hay muchas referencias literarias en «Derecho natural»: Cortázar, Chéjov, Dickens… ¿Cómo dialogas con esta tradición? “No me gusta escribir novelas cuyos protagonistas sean escritores. No me parece que la vida de un escritor, sus reflexiones, sean más interesantes que las de un señor cualquiera. La literatura forma parte de mi vida de un modo muy intenso, al nivel de vivir de ella. Por eso es normal que en una novela coral como «Derecho natural», donde hay varias personas que conocemos a fondo, haya siempre alguien que lee y que adopta la literatura como el canal de acercamiento e interpretación de la realidad, y eso ocurre en este caso con Irene, y también con el narrador. Y en otras novelas, en otros personajes, también la literatura es el mundo al que acuden para buscar las claves de la realidad; es un ámbito especial en el que pueden tratar de encontrar no las soluciones a sus problemas, pero sí sus problemas. Tratar de ver reflejados unos conflictos que ellos sienten como propios. Eso es lo que busco con mis novelas, que alguien se reconozca, que vea que no está solo en el mundo, que por lo menos hay unos personajes de ficción que en algún momento han sufrido algo parecido a lo que sufren ellos o que han reído por lo mismo que ellos. Creo que es uno de los grandes privilegios de la literatura”.

“Las viejas formas literarias, para mí, se fundan en el siglo XIX, por ejemplo con Jane Austen. Sus novelas, creadas hace 200 años, se leen como si hubieran sido escritas hoy. Hay obras que resisten muy bien el paso del tiempo y eso es a lo que aspiro. Esa tradición decimonónica me gusta por su manera de prestar atención al ser humano, sin dejar de lado las circunstancias en las que este ser humano vive, porque, al fin y al cabo, es producto de esas circunstancias. Austen contaba las vidas medio tristes de solteronas obsesionadas por encontrar novio, pero a la vez develaba cómo era la vida de la pequeña clase media rural inglesa. Me gusta cómo, a través de esas pequeñas historias de gente anónima, accedes también a la sociedad de una época. Confío en que quien lea mis libros en 20 años más, pueda ver algo de esta sociedad que se vislumbra en la vida de los personajes, que también lo capte el lector como algo real. Alguien tiene que contar la época que le ha tocado vivir”.

-Amos Oz es un escritor que se ha dedicado a narrar la familia… “Me gusta mucho el libro donde relata su vida, pero también narra cómo, en 1948, el mismo día en que la Organización de las Naciones Unidas acepta al Estado de Israel como un miembro más, todos los países de su entorno le declaran la guerra. Me encantan esas historias pequeñas envueltas por algo grande. Creo que muchos preferimos ese tipo de novela que es poco experimental; viene más bien del viejo tronco narrativo del siglo XIX”.

-Paloma es otra víctima de una organización familiar truncada. ¿Es un reflejo de la crisis que hoy vive la familia como célula social? “Esta crisis ha existido siempre. En este momento se están creando otros significados. Mi hermano y yo quedamos huérfanos muy pequeños, y en nuestro curso éramos los únicos que no teníamos padre ni madre, algo muy raro en ese tiempo. En cambio ahora, muchos niños son hijos de matrimonios separados y tienen otros hermanos o hermanas heredados. Esto ha ampliado el horizonte de las tensiones familiares; es decir, ahora son más sofisticadas, pero en el fondo sigue siendo lo mismo, hay un atavismo oscuro y antiguo que corre en la sangre del ser humano y que le vincula al familiar para bien y para mal. En momentos de debilidad y enfermedad, recurrimos a algún pariente cercano, pero los momentos más duros de nuestras vidas también son deslealtades y traiciones familiares que no somos capaces de perdonar. Esa fuerza e intensidad dolorosa de las relaciones sólo se ven en este ámbito. Otros medios, como el de la amistad o de los colegas, son más democráticos, se respetan mucho más unos a otros, en cambio esa unión por la sangre tiene ese nefasto elemento. Basta recordar la tragedia griega”.

Comentarios

  • “La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final”, Oscar Wilde (1854-1900).
  • “La arquitectura es la ordenación de la luz; la escultura es el juego de la luz”, Antoni Gaudí (1852 - 1926)