«LA GRAN AVENTURA DE THEMO LOBOS»

07/06/18 — POR

Por César Gabler

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Con ese título, Rafael Valle acaba de lanzar la biografía de un dibujante de cómics imprescindible. Temístocles Lobos (1928-2012), en lo sucesivo Themo Lobos, convirtió sus personajes en íconos y a Mampato en el espejo de toda una generación. Hábil dibujante, mejor narrador, el universo de Lobos es sin duda el más vasto y consistente del cómic nacional. Al monumental Mampato, clásico del cómic local, sumó un sinfín de personajes con o sin “continuará”. Alaraco, Dolchevito o Máximo Chambónez son sólo algunos de los muchos “monos” que repartió en decenas de revistas, cuando el papel impreso facturaba mensualmente miles de ejemplares. Otros tiempos. Varias generaciones crecieron leyendo «El Peneca», «Simbad», «Barrabases» y, desde luego, «Mampato». En todas quedó impreso el talento de Lobos.

Con estudios incompletos de Bellas Artes primero y Artes Aplicadas después, Lobos es un héroe autodidacta. Hijo de carabinero devenido obrero, labró con mucho esfuerzo su formación profesional. Sus compañeros fueron los libros: novelas de aventuras, enciclopedias, textos de historia o geografía. La formación lógica para un narrador de su clase. Porque Lobos nunca profesó el intelectualismo de élite. Eso lo cuenta Valle en «La gran aventura de Themo Lobos» en un estilo que parece nutrirse de la misma lógica del autor que retrata. Capítulos ágiles rematados siempre en un “continuará” y rigurosamente documentados, como al propio Lobos le gustaba hacer en cada una de sus páginas. Las mejores, facturadas en las décadas del 60 y 70, fueron las publicadas en «Rocket» (su icónica revista de ciencia ficción), «El Pingüino», «Barrabases», «Topaze» y, cómo no, en el «Mampato» dirigido por Eduardo Armstrong.

Valle logra retratar con unas pocas pinceladas el ambiente de aquellos años. Desfilan Lugoze, Pepo, Máximo Carvajal, Eduardo Armstrong y muchos más. No son vidas de santos, por suerte. Aquí aparece una de las primeras apuestas del biógrafo, asumir que Lobos representaba algo más que un dibujante popular. En el panteón de nuestra cultura hay lugar para novelistas, poetas, pintores o folcloristas. El lugar del có- mic es dudoso ahí. «La gran aventura de Themo Lobos» debiera abrir una puerta –ojalá se abran más– para entender que el capítulo de las revistas y libros ilustrados es significativo en el espectro amplio de la cultura chilena. Las décadas 60 y 70 no se entienden por completo si no se acude a sus revistas y desde luego a sus historietas. Rafael Valle logra con esta biografía/homenaje saldar las deudas del fan con el rigor del investigador serio. En todo momento hay cariño a Lobos y su obra, pero no faltan juicios críticos. Su carácter amable figura como una música de fondo interrumpida de tanto en tanto por los exabruptos de un creador mañoso y a veces rayando en la paranoia ante el fracaso de un proyecto o de una idea que supuso robada. Aquí aparece la historia-disputa entre un juvenil Themo y un más que consagrado Pepo. ¿El motivo? La autoría de «Condorito».

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–En el prólogo sugieres que la principal fuente de información de esta biografía fue el propio Lobos, ¿cómo fueron esos encuentros?

“Hubo muchas horas de conversación en la casa de Themo en Concón, y lo digo así: más que entrevistas eran conversaciones, compartiendo unas copas de vino y unos cigarros. Themo fue un gran conversador y saltaba de un tema a otro: recuerdos, anécdotas, reflexiones, chistes. De todo eso está hecho un poco el relato también. Nos juntá- bamos los fines de semana, el día sábado, y hablábamos tres o cuatro horas, me mostraba en qué estaba; a veces pintando portadas o páginas de «Mampato» en acuarela, a veces revisando antiguo material. Eso fue increíble: ver en directo sus originales”.

–A través de tu relato y de la selección de imágenes se puede adivinar la evolución narrativa de Themo Lobos. A tu juicio, ¿que caracteriza sus mejores obras?

“Sus mejoras obras son, por regla, las historias largas como las de Mampato, Michote y Pericón, Lokán. Historias de varios episodios, con el clásico ‘continuará’, folletinescas. Como dice Pedro Peirano en el primer prólogo del libro, es en esas historias donde se revela el mejor Themo Lobos: ahí está la paleta de colores, el despliegue de suspenso, acción, emoción, romance, humor y esa cosa didáctica que es el otro gran plus. Themo no sólo dibuja y narra bien; en medio de todo eso pone datos históricos. En lo personal, me marcaron las historias de Mampato y Ogú en la Reconquista. Ahí aprendí del cruce del Ejército Libertador, de Marcó del Pont, del capitán San Bruno, del barrio de la Chimba. Fue una clase de historia. Con todo lo anterior, pienso que hay narraciones auto conclusivas de Máximo Chambónez que son geniales. Creo que fueron las primeras historietas que me hicieron llorar de la risa”.

–Con miles de páginas publicadas en viejos libros y revistas, ¿qué antología de Themo Lobos te gustaría publicar?

“He soñado con ver una Biblioteca Themo Lobos, como hacen en Estados Unidos o Europa cuando reeditan material clásico. Partiría por reeditar todo «Michote y Pericón», seguiría probablemente con «Máximo Chambónez» y con «Lokán el Bárbaro». Las haría en orden cronológico para ver la evolución de sus personajes, con introducciones de distintos autores o estudiosos de su obra, incluiría bocetos, pá- ginas desechadas, etc. Themo da para eso”.

–El libro ya asoma como referencia obligada…

“No sé si debiera ser referencia obligada, pero sí me gusta la idea de que ayuda a contar una historia de Chile desde otro flanco: el de la industria gráfica y editorial de medio siglo. Ahí hay arte y cultura popular que, inevitablemente, hablan de un tipo de sociedad y país que en muchos casos ya no existe. Es un libro que también compila y entrecruza información recopilada por investigadores como Mauricio García, Carlos Reyes, Moisés Hasson, Cristián Díaz, Jorge Montealegre, gente que hace una importante labor de recuperación patrimonial, y que está debidamente citada como fuente”.

–En varias páginas relatas historias de las que sólo se tiene registro oral, mitos urbanos, como la pelea con Pepo…

“Este libro no es una Biblia, no viene a decir qué es verdad y qué no lo es. De hecho, he recibido comentarios suspicaces de que es una biografía ‘oficial’ o ‘autorizada’, y por lo tanto parcializada. Y obvio que lo es, porque se basa en el testimonio de un hombre que cuenta una versión de su vida, pero no me incomoda. Elegí esa manera de hacer el relato porque me permitía también tener acceso a material original o inédito, me interesaba tener a un narrador con el nivel de Themo hablando de sí mismo. Por eso «La gran aventura de Themo Lobos» es un título con una especie de doble lectura”.

“Pero insisto: esta es ‘una vida’ de Themo Lobos. Ojalá haya otras. Y también de Pepo, de Hervi, de Vicar, de Máximo Carvajal. Hay mucho que rescatar ahí, por un tema de memoria histórica, quizás para cuestionar o mirar con otro prisma lo que sabemos de la historieta y de la ilustración nacional, pero también por el mero hecho de contemplar piezas de arte magníficas, o que te hacen reír o simplemente te entretienen aunque se hayan hecho hace 40 años”.

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Comentarios

  • "Cómo quieres que te olvide si cuando comienzo a olvidarte me olvido de olvidarte y comienzo a recordarte", Woody Allen (1935).
  • “No puedes esperar que los dos extremos de una caña de azúcar sean dulces”, Proverbio.