LO QUE EL OJO NO VE

27/12/17 — POR

“He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser”. Tanto el primer «Blade Runner» como la secuela comienzan de la misma forma. Con el primer plano de un ojo. Es el gran ojo que todo lo ve, el Gran Hermano de Orwell que vigila y espía, que persigue y domina a todos los personajes de esta película y de su continuación. Puede que el protagonista del citado monólogo final de la primera «Blade Runner» viera cosas que nunca creeríamos. Pero incluso a él se le escaparon detalles que, en algunos casos, son tan simbólicos como la alegoría general que plantea esta creación audiovisual.

Por Juan José Santos M.

 

 

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«Blade Runner» (1982).

 

1 982 : 2019

En 1980, Ridley Scott estaba devastado. No pudo dirigir «Dune», el proyecto en el que estaba trabajando, y acababa de fallecer su hermano Frank. Cuando llegó a sus manos el guión de «Dangerous days» no lo pensó dos veces. Haría una película que mezclara Cine Negro y Ciencia Ficción, ubicada en Los Ángeles en el año 2019. Y con la reflexión de la muerte como trasfondo. El argumento se basaba en una historia detectivesca en la que Rick Deckard (Harrison Ford) persigue en un futuro amenazante a un grupo de replicantes, clones de humanos que están en fuga. Durante la “caza”, Rick se enamora de Rachael (Sean Young), una replicante experimental que registra emociones gracias a recuerdos artificiales implantados.

De ese guión, escrito por Hampton Fancher en base a la novela distópica «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», de Philip K. Dick, a la película final hay un salto cuántico. Miles son las historias que circulan acerca de anécdotas, leyendas y rumores. Lo peor de todo es que casi todas son ciertas: no sólo gracias a que se conocen los guiones previos y el metraje desechado, o a los numerosos documentales y textos que han destripado los secretos de esta obra (de los que destacaré dos: el libro «Future Noir: the making of Blade Runner», de Paul M. Sammon -1996-, y el documental «Dangerous Days: Making Blade Runner» -2007-, de Charles de Lauzirika), sino que los propios protagonistas han contado varios secretos de cocina abiertamente. La grabación del filme fue épica: rodajes interminables, problemas presupuestarios, huelgas de actores, peleas entre Scott y Ford, accidentes y despidos.

Gracias a las fuentes, directas o indirectas, podemos constatar que sí, efectivamente en la película está todo el rato lloviendo como referencia a la infancia en el norte de Inglaterra de Ridley Scott, que el título «Dangerous days» fue cambiado por el de «Blade Runner», en propiedad del escritor William Burroughs, al que se tuvo que pagar una buena suma; que Scott llevaba consigo una imagen a modo de estampita, una reproducción tamaño miniatura del cuadro «Nighthawks» (1942), de Edward Hopper; o que la cama en la que descansa el creador de replicantes Tyrell era una copia exacta de la del Papa Juan Pablo II; y que las imágenes conclusivas (las de uno de los múltiples finales existentes) eran descartes de los paisajes filmados por Stanley Kubrick para «El resplandor» (1980).

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«Blade Runner» (2017).

«Blade Runner» fue un fracaso comercial y de crítica. La idea de un futuro con aspecto retro, hiperpoblado, multirracial y violento, que enmarca esta historia en la que los malos, androides, tienen más sensibilidad que los buenos, los humanos, no caló en su estreno. Fue acusada de vacuidad, de quedar sepultada bajo un fabuloso envoltorio. Sin embargo, con el paso de los años, un extraño fenómeno fue teniendo lugar de forma desorganizada. Como un ejército de zombies, uno a uno, fans por todo el mundo fueron saliendo de sus tumbas. Para finales de los 80, entre ellos habían elevado la película a categoría de mito. Desde entonces, las lecturas se han ido profundizando, subrayando el valor ecologista latente, el elogio a la memoria, la alegoría del Cristianismo, el valor de la actualización del mito de Prometeo, o el carácter profético de muchos de los ingeniosos inventos que aparecían.

2017-2049

Tanto creció la bola de nieve, que para cuando se anunció la secuela de la película eran millones los seguidores que deseaban –y temían– su continuación. Las expectativas eran altas, más aún sabiendo que formarían parte de ella Harrison Ford, Ridley Soctt –como productor y asesor– , el guionista original Hampton Fancher, y que el director Denis Villeneuve era considerado por casi todos adecuado en la arriesgada meta de continuar un filme de culto. El ojo se abrió de nuevo.

Mientras que la primera se trataba de un humano –que, aunque aún existen dudas al respecto, resulta ser también un replicante– que se enamora de un ser artificial, la segunda trata de un replicante que desconoce su naturaleza artificial y se reencuentra con sus orígenes. El descubrimiento de que puede ser hijo de replicantes (de Deckard y Rachael) pone patas arriba el mundo. Villeneuve afirmó que Deckard seguiría sin estar seguro de su propia identidad, “porque me gusta la idea, pero la verdad es que tanto Harrison como Ridley siguen discutiendo al respecto. Si los pones en la misma habitación empezarán una discusión, seguro. De hecho, siempre acaban hablando a gritos. Es muy gracioso”.

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Harrison Ford y Sean Young en «Blade Runner» (1982)

Esta continuación también registra sus leyendas, además de repetir el cariz homérico de la empresa. Desde la recuperación del comienzo original de «Blade Runner» (la escena que se inicia con una olla en la cocina), hasta las cuatro horas del metraje que tuvieron que ser reducidas. Sean Young fue rechazada (y llamó a boicotear la cinta), y, durante la grabación, la obsesión por el secretismo llegó a niveles absurdos: los actores tenían 36 horas para memorizar sus guiones, que luego desaparecían.

Paradójicamente, esta secuela ha sido mejor aceptada que la película original. Digo paradójicamente, porque en mi opinión no es un filme que esté a la altura: falta tensión en la trama, hay personajes mal actuados, y en esta ocasión, sí, la fantástica ambientación se apodera de todo lo demás, incluido el argumento. Puede que ocurra como en 1982, y dentro de unos años esta «Blade Runner», localizada en Los Ángeles del 2049, sea considerada una pieza de culto, pero dudo mucho que el trabajo de Jared Leto, por ejemplo, sea rescatado en el futuro.

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Ryan Gosling y Ana de Armas en «Blade Runner» (2017). ADERUNNERMOVIE.COM

Ridley Scott ya ha proclamado que dirigirá una tercera entrega, que continúe indagando en el miedo a la muerte, en la inteligencia artificial, y en las preguntas esenciales que el espectador ha de abordar tras el visionado de «Blade Runner». Entre ellas, qué es lo que nos hace humanos.

Comentarios

  • “Me gusta que el flequillo me cubra los ojos: eso me ayuda a tapar las cosas que no quiero ver”, Raquel J. Palacio, escritora estadounidense.
  • "No creas todo lo que piensas", Byron Katie (1942), conferencista estadounidense.