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¿MADE IN CHINA? AI WEIWEI

09/04/18 — POR

Será el evento artístico del año: por primera vez podrá verse en Chile la obra del creador chino más célebre e importante del mundo. La muestra «Inoculación», que comienza este 27 de abril en el Centro Cultural CorpArtes, es un recorrido por la vasta trayectoria de este artista que ha conocido la censura y la represión en carne propia, del activista que ha hecho del arte un arma política y una lucha por la libertad.

Por Evelyn Erlij.

«Inoculación», de Ai Weiwei. Centro Cultural CorpArtes. Del 27 de abril al 26 de agosto.

 

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© COURTESY OF AI WEIWEI STUDIO

En 2010, cuando la Tate Modern de Londres abrió al público la instalación «Sunflower Seeds», del artista chino Ai Weiwei (1957, Pekín), muchos se sintieron de vuelta en la infancia. La obra estaba compuesta por alrededor de 100 millones de semillas de girasol hechas en cerámica y pintadas a mano durante dos años y medio por cientos de artesanos de Jingdezhen, una ciudad donde hace décadas se fabricaban porcelanas ostentosas para la corte imperial, pero que hoy se encuentra hundida en la pobreza. La gente se paseaba por una sala inundada de esas pipas, sumergía sus pies, se acostaba sobre ellas y hasta enterraba su cuerpo como si fuera arena o una de esas piscinas de pelotas plásticas de colores. Cuando los periodistas preguntaban a los visitantes qué opinaban de la instalación, todos respondían felices y con una sonrisa: es como sentirse niño otra vez.

Esta imagen es algo así como un breve resumen de la economía mundial, de ese sistema en que, gracias a la mano de obra barata proveniente de zonas pobres del planeta, el resto del mundo puede pasarlo bien o vestirse chic a precios accesibles. Sin ir más lejos, pasamos nuestra infancia rodeados de juguetes chinos –o de juguetes de marcas occidentales fabricados en China–, y sin mayor conciencia ni del origen de esos objetos ni del modelo económico de explotación y miseria que los hace posibles, los seguimos comprando a lo largo de nuestras vidas. De ahí que «Sunflower Seeds» sea un buen ejemplo para empezar a hablar de Ai Weiwei, uno de los artistas más célebres y poderosos de hoy: para él, el arte es un arma política, una estocada peligrosa de ironía y humor, una lucha incesante por la libertad.

Esa será una de las obras que podrán verse en Santiago en la muestra «Inoculación», la primera que se le dedica en el país al creador chino, elegido en 2011 la persona más influyente del arte por la revista «ArtReview», y cuyos trabajos son parte de colecciones de lujo, como la del MoMA o la del Centro Pompidou.

Después de una visita breve el año pasado para dar una charla, Ai vuelve a Chile para exponer parte de su trayectoria en el Centro Cultural CorpArtes, cuya Directora Ejecutiva, Francisca Florenzano, explica: “Nos interesa traer a artistas de vanguardia, que pongan sobre la mesa temas contingentes. Ai Weiwei nos habla de la inmigración, de los derechos humanos y de la libertad de expresión, asuntos que nos comprometen a todos y nos desafían a desarrollar una mirada más humana e inclusiva”.

Unas 15 toneladas de semillas de girasol serán exhibidas en Santiago, y aunque ya no se puede caminar sobre ellas –se descubrió que liberan un polvillo tóxico–, será posible observar el increíble trabajo de artesanía que implicó su confección. Para armar esta obra, el creador dio empleo a cientos de personas con un talento manual hoy en desuso ante los avances de la tecnología, gente que vive de hacer imitaciones de antiguos jarrones y que gana su sueldo gracias al Made in China, es decir, gracias a la cultura de la copia. De paso, Ai, como otros artistas contemporáneos, revive el modelo medieval del taller, en el que un maestro trabaja con ayudantes que lo asisten y con quienes forma una suerte de pequeña empresa. Con ello, defiende la labor artesanal y dialoga con la China rural de antes de la revolución de Mao Zedong, el líder comunista que rompió con la tradición y las costumbres milenarias.

La pieza «Grapes» (2014) sigue esa misma línea: se trata de una obra compuesta por 40 pisos de madera de la época de la dinastía Qing (1644-1911), fusionados de manera tal que parecen una especie de uva o de molécula. Elaborar ese tipo de mobiliario requería una técnica que se heredaba de generación en generación, y que se perdió con la producción industrial de pisos baratos. En piezas como esta, o como en «Forever Bicycles» (2015), compuesta por más de mil bicicletas montadas y fundidas unas con otras –y que en Chile será expuesta en la explanada del Centro Cultural CorpArtes–, Ai Weiwei sigue el camino de sus dos grandes mentores, Marcel Duchamp y Andy Warhol, y crea ready-mades a partir de objetos cotidianos que esconden, tras su apariencia inocente, un mensaje crítico.

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«Forever Bicycles», Taipei Fine Arts Museum, 2011. © COURTESY OF AI WEIWEI STUDIO

LA LIBERTAD ES UNA SELFIE

“Mi vida siempre ha estado en medio de una lucha política”, ha dicho el artista, considerado un enemigo por el Estado chino y cuyo padre, el poeta Ai Qing, también fue perseguido. Hoy, Ai Weiwei es uno de los artistas más mediáticos del mundo, pero su compulsión por las redes sociales no se reduce sólo a un gesto narcisista. Si la libertad de expresión es un eje central de su obra, es porque ha tenido que pelear por conseguirla: ha sido censurado en China por sus trabajos provocadores, y en 2011 fue encarcelado e incluso hecho desaparecer a pesar de su fama mundial. En vez de silenciarlo, esa represión lo ha motivado a sublevarse más y a seguir retando a las autoridades, que lo han acusado de evasión de impuestos y hasta de bigamia para hacerlo callar. En China está bajo vigilancia constante, por eso Internet es tan importante para él: es un medio de expresión en una sociedad que oprime el pensamiento disidente.

“La libertad se parece a esto: a una selfie”, ha afirmado el creador, quien llena a diario su Instagram con fotos de sí mismo, como si su imagen también fuera parte de su obra. Cuando los periodistas lo llaman “valiente”, él responde que sólo es “gracioso”, quizás porque su humor sardónico es uno de los rasgos que lo convierten en un peligro. En 2012, tras meses de arresto domiciliario, grabó una parodia de la canción «Gangnam Style», videoclip en el que baila de manera burlona, simulando tener esposas en las muñecas; y en la serie fotográfica «Study of Perspective»  (1995-2010), apunta con su dedo del medio a varios símbolos de poder, desde la Casa Blanca y la Torre Eiffel, hasta la Mona Lisa y la plaza Tiananmén.

En un tono menos irónico, también se ha preocupado de hacer visible la inhumanidad de los tiempos que corren. La crisis migratoria que remece a Europa desde hace varios años ha sido el asunto que le ha quitado el sueño y que, a la larga, lo ha hecho volver a dos temas esenciales en su trayectoria: los derechos humanos y la libertad, en este caso, de desplazamiento. En Chile, podrán verse dos trabajos sobre este drama humanitario: «Safe Passage»  (2016), una instalación que consistió en cubrir el edificio de la Konzerthaus de Berlín con miles de chalecos salvavidas usados por inmigrantes, y que en Santiago será remontada en la fachada del Archivo Nacional el 27 de mayo, Día del Patrimonio Cultural; y su documental «Human Flow»  (2017), en el que retrata el drama de estos viajeros de Asia y África, y el que será exhibido en varias ocasiones durante la exposición de CorpArtes.

La muestra, curada por el brasileño Marcello Dantas, incluirá unos 30 trabajos de Ai, quien decidió agregar fotos, poemas y cuadernos de su padre, de los tiempos en que visitó Chile invitado por su amigo Pablo Neruda. De ahí que «Inoculación» sea un viaje por su vida, su obra y por los tiempos que le han tocado vivir, tres caminos para él siempre entrelazados. Convertido en una estrella mundial del arte, en un creador global formado en Nueva York, adorado en Occidente y asentado en China, Ai Weiwei, el artista, arquitecto, performer y fotógrafo que vende millones en el mundo; el activista chino que lucha en peleas propias y ajenas, encarna, por qué no decirlo, la derrota final de la revolución cultural de Mao.

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«Sunflower Seeds»,2010. © COURTESY OF AI WEIWEI STUDIO

“TODAS LAS LUCHAS POLÍTICAS SON UNA BÚSQUEDA DE LIBERTAD”

Poco antes de llegar a Chile, y en medio de viajes por países como Hong Kong y México, Ai Weiwei respondió esta entrevista.

-La ironía es una de las armas que ha usado para incomodar al poder. ¿Siente que hoy el arte se está tomando demasiado en serio? ¿Cree que le falta humor e ironía?

“La ironía requiere una comprensión profunda de la humanidad, requiere conocimiento y confianza en sí mismo ante el poder. Hoy, el arte ejerce principalmente la función de víctima, o de producto, del capitalismo. Se ha vuelto irónico en sí mismo debatir sobre la fuerza interior de los seres humanos”.

-En su trabajo y en sus redes sociales aparecen mucho las selfies. ¿Qué le interesa de este fenómeno, desde un punto de vista artístico?

“Mi selfie no es relevante, pero sí tan importante como los autorretratos de Van Gogh o la lucha de Rembrandt con el autorretrato. Hoy, con los avances tecnológicos, toma sólo una fracción de segundo capturar momentos irreales entre dos personas. Podemos estar tan lejos de otro como dos individuos pueden estar, pero aún así existir en el mismo cuadro. Esto tiene un significado más profundo de lo que jamás podremos comprender, quizás más de lo que el que toma la selfie puede entender”.

-La libertad de movimiento es un derecho esencial para usted, tanto porque el Estado chino le prohibió abandonar su país en el pasado como por su interés en la crisis migratoria.¿Podría resumirse el corpus de su trabajo como una lucha por la libertad?

“El arte es una actividad humana y creemos que es relevante porque no tiene fronteras para la libre expresión de nuestras ideas y de nuestra imaginación. Este rasgo ha existido desde el desarrollo temprano de la humanidad y se ha acelerado en los últimos 100 años. Hoy nos podemos llamar a nosotros mismos ‘personas modernas’, pero sin libertad de movimiento, tanto físico como espiritual, no podría existir ninguna cultura. Todas nuestras luchas políticas pueden ser interpretadas como una búsqueda de libertad. Es por esto que la libertad es un concepto tan importante para ser defendida por cada generación. Me sentiría muy orgulloso si mi trabajo fuera visto como un símbolo de esta idea mayor”.

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© MICHAEL KAPPELER/ DPA

-¿Cree que la crisis migratoria es principalmente una crisis de empatía? ¿Qué preguntas quiere abrir al tratar este tema?

“La crisis migratoria no es una crisis de empatía, sino una crisis humana. En todo aspecto, es sobre nuestra propia autoestima, es un reflejo de lo que somos y de los valores que tenemos en términos de protección de la dignidad humana. Es un reto para la imaginación de nuestras sociedades, un reto para la compasión y para la habilidad de lidiar con esto a nivel político”.

-¿Qué significa para usted volver a este país que marcó tanto a su padre? Exhibirá dibujos y notas hechas por él, cosas relacionadas a su conexión con Chile.

“Nunca hubiera imaginado que algún día visitaría Chile. Desde que era niño sentía cuánto mi padre quería a ese país y me di cuenta que ocupaba un lugar muy especial en su corazón. Pablo Neruda era como un miembro de la familia. Esta historia me hizo sentir una sensación muy agradable cuando decidí llevar una exposición a Chile, ya que me permitirá extender la relación entre un hombre de letras, un artista de segunda generación y posiblemente mi hijo, que todavía es un niño”.

-Instalará en el centro de Santiago su obra «Safe Passage», sobre el drama de los inmigrantes en Europa. ¿Ha oído sobre los flujos migratorios que está recibiendo Chile hoy, y que han generado una ola de racismo?

“Estamos viviendo en un mundo perturbador, donde hay una gran turbulencia política y una gran incertidumbre. Lo mismo ocurre en América Latina. Esto afectará no sólo nuestro paisaje político, sino también nuestro juicio cotidiano. Este tipo de lucha siempre existirá, no sólo en el pasado u hoy. Para prepararnos, necesitamos una mejor comprensión de la condición humana. Es la única manera de poner énfasis en la dignidad humana y de maximizar el beneficio de ser un individuo en la sociedad de hoy. Al hacerlo, no sólo estamos ayudando a otros, sino también a nosotros mismos”.

-Cuando lo arrestaron decidió transmitir su vida vía webcam bajo la premisa “si no hay secretos, no hay necesidad de ser vigilado”. Pero Internet, esa herramienta que representaba la libertad para usted, se convirtió desde entonces en una máquina de vigilancia contra los ciudadanos. ¿Qué opina de esto?

“Inevitablemente, somos víctimas de la sociedad moderna, con el capitalismo y el imperialismo todavía funcionando como fuerzas poderosas. Si no fuera por la defensa de los derechos individuales, como la libertad de expresión, el resultado de nuestra existencia sería oscuridad total y resultaría difícil para cualquiera sobrevivir en una cultura tan dominante como la del siglo XXI”.

Comentarios

  • "La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga", Andy Warhol (1928 - 1987).
  • "La perfección mata, la sabiduría comete un error cada día", Anónimo.