MÁS JÓVENES QUE MATUSALÉN (2°PARTE)

17/04/18 — POR

No siempre los años suponen madurez y progreso. En las artes visuales también aplica el modelo musical del one hit wonder. Como esos cantantes que viven de la gloria de una sola canción exitosa, hay otros autores que extienden por años -y décadas- los dividendos de un período creativo único.

Por César Gabler

92_Artes-visuales-Artistas_3

Marina Abramovic AFP

En este recuento, sin pretensiones enciclopédicas, quiero presentar unos cuantos perfiles de artistas que son y fueron capaces de replantear y hasta de reinventar los parámetros de sus obras. En la entrega anterior me detuve en las figuras de Louise Borgueois, Alice Neel y Philip Guston. En el caso de las dos primeras además se sumaba un aspecto particular: su reconocimiento definitivo ocurrió pasados los sesenta años y en el caso de Neel, tras una experiencia vital con intensidad de teleserie.

DEL PERFORMANCE AL OBJETO

Las vanguardias de las décadas sesenta y setenta se caracterizaron por su ansia de borrar límites. Tradiciones, disciplinas e instituciones se convirtieron en terreno de crítica y disputa. Instalaciones, performances y land art son algunas de las expresiones que tomaron forma durante esos años de experimentación frenética. Chris Burden (1946- 2015), Carolee Schneemann (1939), Rebecca Horn (1944), Dennis Oppenheim, Bruce Nauman (1941) o Marina Abramovic, sólo por nombrar algunos artistas, desarrollaron obras marcadas por experimentar con el cuerpo como soporte.

La trayectoria de Marina Abramovic (Belgrado, 1946) resulta particular. Hace unos años (2005) realizó una operación curiosa y hasta impensable: reversionar para una audiencia vasta, célebres performances. Una retrospectiva del performance, la sola idea ya era desafiante. El proyecto se tituló «Seven Easy Pieces» y a lo largo de siete noches sucesivas, presentó igual número de obras. Suerte de «Grandes éxitos» del género, Abramovic puso en escena obras suyas y de colegas como la alemana Valie Export (1940) y su controvertida acción «Genital Panic»: la artista, chascona y con escopeta, vistiendo unos jeans que dejan al descubierto su vello púbico. La Abramovic hacía al menos dos cosas evidentes, primero demostrar la institucionalización de un género que había nacido en las antípodas de la cultura museal y, de paso, darles un carácter clásico a piezas montadas en épocas y contextos muy diferentes. Causó polémica. Eso, sin contar cómo desarticulaba nociones típicas del performance:  su canónica cualidad de acto irrepetible junto a su asociación estrecha con el cuerpo del artista. Abramovic, de 17:00 a 12:00 horas, desarrolló ante la vasta audiencia del Guggenheim esas viejas obras de Beuys, Nauman, Gina Pane y Vito Acconci, amén de las propias. Aquella operación sorprendía a la artista con casi 60 años y una figura de retrospectiva. Virtudes del performance. 

92_Artes-visuales-Artistas_4

«The indoor/outdoor fountain», Vito Acconci. LATINSTOCK

Los casos de Oppenheim, Burden o Acconci resultan distintos. Mientras Abramovic ha continuado refinando su arte corporal, expandiéndolo a través de instalaciones y cuidadosas piezas de video, aquellos artistas abandonaron casi totalmente esas prácticas para abordar las posibilidades escultóricas u objetuales que aparecían latentes en sus obras de las décadas 60 y 70. Es difícil establecer una explicación general para este fenómeno, pero sin duda da cuenta de artistas complejos, autoreflexivos e inquietos. Vito Acconci  (1940-2017), por ejemplo, realizó piezas extremas que incluyeron –desde luego– el sexo y el dolor, obligados en el performance. Acciones absurdas o invasivas como aquella en la que seguía a un sujeto por todas partes hasta exasperarlo («Following Piece», 1969) o, posiblemente la más controvertida de todas («Semillero», de 1972), en la que el artista, escondido bajo una tarima y provisto de un micrófono, narraba sus fantasía sexuales mientras se masturbaba. A finales de la misma década comenzó a desarrollar un extenso trabajo en el ámbito de la escultura y de la instalación hasta desembocar en la creación –en la década del 2000– del Acconci Studio, una oficina interdisciplinaria que aunó arquitectura, diseño de equipamientos y arte público, algo sorprendente si pensamos en sus orígenes y en su formación universitaria: Acconci estudió literatura. En los múltiples proyectos realizados por el artista, con y sin su oficina, adelantó la obra de creadores como Jorge Pardo, Andrea Zittel o el atelier Van Lieshout, integrando con acierto arte y funcionalidad.

92_Artes-visuales-Artistas_1

Attempt to Raise Hell», Dennis Oppenheim, Centro George Pompidou, París AFP

 

Dennis Oppenheim (1938-2011), trabajó con éxito en su juventud en los campos de la performance y el land art. Su obra parecía establecer un contacto profundo entre el cuerpo y el espacio; uno y otro aparecían conectados de manera casi reversible: el cuerpo como territorio, el territorio como cuerpo. Performances, registros fotográficos e intervenciones en territorios apartados caracterizaron la primera etapa de su obra. Pero da un salto. Un trabajo simbólico de este cambio puede ser «Attempt to Raise Hell», de 1974, cuando el artista pasaba los 35 años. Se trata de una pieza que tiene el sentido del absurdo propio del teatro de Samuel Beckett, a quien Oppenheim admiraba. La escultura es un pequeño retrato del artista. El personaje, con cabeza metálica, aparece acostado en un plinto y su cuerpo se activa –mecánicamente– para golpear con su frente una campana. El acto se repite de manera interminable. Una metáfora oscura e irónica del sinsentido existencial o del trabajo artístico, después de todo, para hacer sonar las campanas de la creación los artistas deben golpearse el cráneo. En cierta manera, Oppenheim re-interpretaba el sentido de la performance, delegando su ejercicio a una marioneta. Su operación anticipaba el trabajo de otro veterano del arte corporal devenido escultor provocativo: Paul McCarthy (1945).

A esa pieza le sucederán otras de escala y ambición mayor. Oppenheim se valió de la figuración y luego de la arquitectura para ingresar de lleno en el terreno del arte público. Concursó en innumerables ocasiones, tanto en su país como en el extranjero. Jugando en los terrenos de la arquitectura, de la escultura y del equipamiento público, Oppenheim -cuya obra juvenil fue todo menos accesible- apareció de pronto creando piezas para el gran público, con una vocación que de seguro puede resultar desconcertante a la luz de su pasado vanguardista. Proyectos como «Monumento a la Fuga» («Monument to Escape»), de 2001, realizado para el Parque de la Memoria, en Buenos Aires, o «Autobus hogar» («Bus Home»), de 2002, se valen de la figuración y de un certero manejo de estructuras y materiales para plantear con ironía asuntos sociales e históricos. Al momento de la realización de estas obras, Oppenheim pasaba los 60 años.

92_Artes-visuales-Artistas_5

«Installation» (2009), Carmen Herrera, cortesía de la artista y de Ikon Gallery TUART WHIPPS.

 

NUEVAS MODAS, NUEVAS OPORTUNIDADES

La historia de Carmen Herrera (1915) es probablemente un caso espectacular de fama tardía, casi póstuma si la señora no estuviera pronta a cumplir 103 años. Y es que Herrera, cubana y rigurosa pintora geométrica, había pasado décadas de trabajo intenso y nulo reconocimiento en Nueva York, su ciudad de adopción. Por eso, todo lo que ocurrió a partir de 2004, cuando –gracias a la ayuda de su amigo y vecino Tony Bechara– vendió su primer cuadro, resulta sorprendente. Aquello fue –como dicen– una tormenta perfecta. Por una parte, la revisión de la abstracción en general y particularmente de la tradición geométrica en América Latina. Luego, el hecho de ser mujer y agreguemos cubana. Su descubrimiento, y es que fue casi eso, asombró a todos los conocedores del geometrismo. La presencia de esta pintora obligaba a reescribir la historia de la abstracción y, de paso, la historia de las mujeres en el arte, cuestión que en la última década ha adquirido un vigor urgente. Su internacionalización se consolida en 2007, cuando la Ikon Gallery de Londres, gracias al curador Nigel Prince, le dedica una retrospectiva. Sin embargo, nada habría prosperado si Herrera, además de aquello, no tuviera la consistencia y precisión severa que exhiben sus telas de gran formato. Composiciones simples y directas en las que el color se impone de manera rotunda, enlazándola con otra figura de suma relevancia, el norteamericano Ellsworth Kelly (1923-2015).

Nacido en 1949, el caso de John Stezaker no es menos espectacular: si a Herrera la benefició el interés por la abstracción geométrica, a Stezaker le ayudó la revaloración del fotomontaje. Consagrado por casi 40 años a esta disciplina, el británico se dedicó a ella con la pasión del devoto, jamás la del profesional, no vivía de sus obras. Docente de teoría en el Royal College of Art, su arte era casi un hobby, un pasatiempo nocturno animado con cafeí- na. El artista trabajaba con obsesión sobre viejas fotografías y postales. Desde retratos de actores, captados para postular a la industria cinematográfica, a rostros de celebridades y viejas vistas de ciudades europeas. Su preciso ejercicio de cortar y pegar, a veces simplemente unir las mitades opuestas de dos rostros, le ganaron el interés de una figura gravitante en el mercado mundial del arte: el británico Charles Saatchi. Eso ocurrió en los primeros años del 2000, cuando el artista pasaba los 50 años. A partir de entonces, su fama y prestigio no hicieron más que crecer, hasta representar en 2014 a Gran Bretaña en la Bienal de Sydney, cuyo título «You Imagine What You Desire» («Tú imaginas lo que deseas») podría ser un excelente titular para la experiencia de este artista.

92_Artes-visuales-Artistas_2

magen de video de la exposición «Papeles Sádicos», Juan Pablo Langlois Vicuña.

 

JUAN PABLO LANGLOIS VICUÑA

Cierro con Juan Pablo Langlois Vicuña (1936), figura de la vanguardia local a partir de «Cuerpos blandos». Con aquella expansiva instalación, realizada en 1969, el artista perturbó la seriedad del Museo de Bellas Artes. Para eso le bastaron dos materiales y una operación sencilla: rellenar con diario una manga plástica negra. El resultado fue una extensa tripa oscura, como larva, que se expandía por las instalaciones de la institución, salía por una ventana y quedaba colgada de la palmera del frontis. A partir de entonces, la carrera de Langlois se desarrolló a través de obras y exposiciones separadas a veces por muchos años de inactividad, pública al menos. Y es que Langlois Vicuña subordinó el arte a su trabajo como funcionario de la Junta Nacional de Aeronáutica Civil. Sin embargo, siempre mantuvo el mismo rigor reflexivo y sencillez técnica de aquella primera gran obra. Otros hitos llegan pasados los 60 años. «Miss», gran muestra de 1997, la realiza tras catorce años de silencio exhibitivo. Aquí reaparece el diario, esta vez bajo la escultórica forma del papel maché.  Las obras, desde el título, aluden al universo artificial de los concursos de belleza y sus patrones corporales. En esta ocasión, el cuerpo de las concursantes rivaliza con la figura pequeña y desnuda de las mujeres onas captadas por Martín Gusinde. La línea escultórica desarrollada en esa muestra alcanza un nivel aún mayor en la década siguiente. «Papeles ordinarios», de 2006, realizada cuando el artista cumplía 70 años, muestra la vertiente quizás más desgarrada de toda su obra. Muchas parejas, sin límites de gé- nero ni edad, aparecen entregadas al sexo con un fervor casi religioso. Expuestas en La Factoría de la Universidad Arcis, las esculturas ganaron merecidamente el premio Altazor y confirmaron la capacidad de renovación de un artista cuya obra parece siempre joven.

Comentarios

  • "La vida es misteriosa, los dioses caprichosos y nosotros inconstantes", Santiago Posteguillo (1967), novelista español.
  • “La felicidad anida más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”, Carlos Thays (1849 - 1934), paisajista argentino.