Quentin Massys: anciana grotesca o La duquesa fea (National Gallery, Londres, c. 1513)

10/01/17 — POR
Solemos pensar al Renacimiento como un período consagrado a la belleza y a la armonía. Esa búsqueda se nutría, sin embargo, de una corriente alternativa y subterránea, que indagaba lo inesperado, lo monstruoso y lo excesivo. En ella se inscriben tanto las pinturas satíricas de Massys como las fisionomías grotescas dibujadas por Leonardo, aunadas en la fascinación que ambos artistas sintieron por la imagen de esta anciana grotesca.

Hacia finales del siglo IV A.C, Zeuxis, que había concebido la imagen de la más bella de las mujeres, murió de la risa después de haber pintado un retrato de una pretenciosa anciana. Aunque ambas obras del célebre pintor de la Antigüedad se perdieron, casi veinte siglos más tarde, Quentin Massys (c. 1466-1530), considerado el primer artista importante de Amberes y uno de sus retratistas más prestigiosos, pintó este cuadro, que bien podría ilustrar el efecto de extrañeza, estupor y ridículo que causó la muerte al legendario creador.

La mujer que retrató Massys lleva un peinado en base a un hennin doble, coronado por una diadema con perlas que sujeta una ligera tela blanca, un tipo de tocado que, aunque era habitual en las mujeres nobles al final de la Edad Media, había ya pasado de moda hacia 1510. Del hennin asoman indecorosamente el pelo y las orejas de la duquesa, que parecen una prolongación de las irregularidades, relieves, granos, lunares y arrugas de su rostro deforme, de su cuello laxo y del flácido escote que coincide con la rosa que ella extendía, como una promesa de entrega amorosa, al ostentoso anciano que la saludaba desde el cuadro con el que originalmente formaba un díptico.

En los mismos años en que Massys realizó este cuadro, pintó un retrato de Erasmo de Rotterdam, el humanista que había apenas escrito su «Elogio de la locura» (1511), la sátira en la que la Insensatez proclama su triunfo universal. En una época en que las obras de arte solían ilustrar y vincularse con los textos de escritores y predicadores, las dos pinturas del díptico de Massys pueden comprenderse como una caracterización de dos de los prototipos de necios que integraban el séquito de la Locura o Insensatez en el libro de Erasmo. El anciano que acompaña a La duquesa fea, inspirado en un conocido retrato del banquero florentino Cosme de Medici, pudo encarnar a los comerciantes, “la clase más necia y mezquina … y, a pesar de todo, son estimados como la gente más principal, sólo por llevar sortijas de oro en los dedos”. La anciana, en tanto, pudo ser una de esas lujuriosas mujeres que, “enceguecidas y sin capacidad de verse a sí mismas”, no aceptan el paso del tiempo. “Viejas (que) se embadurnan constantemente el rostro con afeites, nunca se separan del espejo, se depilan las partes secretas, enseñan todavía sus pechos blandos y marchitos, solicitan con tembloroso gruñido sus apetitos lánguidos, beben a todas horas, se mezclan en los bailes de las muchachas y escriben cartitas amorosas”.

Desprovista de su compañero, la duquesa ofrece hoy su capullo de rosa a los desconcertados espectadores que la observan. Como si se tratara de un espejo deformante, acaso algunos vean en ella sus propios deseos de perpetuar, con bótox, cirugías, tinturas, masajes y gimnasia su propia perdida, añorada juventud.

Comentarios

  • "La música se desarrolla en el tiempo, la arquitectura también", Le Corbusier (1887- 1965).
  • “Hoy se me cayó internet y tuve que pasar tiempo con mi familia... parece buena gente”, Anónimo.