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RAYADOS

20/05/18 — POR

«Calvin y Hobbes», clásico de la tira cómica estadounidense, vuelve a Chile en volúmenes compilatorios. Los cuatro primeros ya están en tiendas, llenos de viñetas divertidas y feroces: el mundo de un niño y su amigo tigre imaginario, enemigos del merchandising.

Por Rafael Valle M.

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El caricaturista estadounidense Garry Trudeau lo resume bien en el prólogo del volumen inicial: “Watterson es el reportero que encontró la verdad: la niñez como es en realidad”. Llena de alienaciones felices o escapistas según la situación, como nos dicen las viñetas de «Calvin y Hobbes», tira cómica firmada por su compatriota Bill Watterson (1958) que ya tiene rótulo de clásico.

Aquí está la idea infantil/universal del amigo imaginario, ese que nadie ve. Calvin es el niño y Hobbes es su tigre de peluche que es compañero de correrías, confidente, aliado incondicional y adversario intermitente. La vida está llena de padres mandones, profesores aburridos y vacaciones sin hacer nada, así que hay que convertirla en la aventura permanente, el estallido de energía que casi siempre comanda este Calvin de seis años en su mundo fantasioso, donde los únicos testigos de tanta hazaña son el peludo Hobbes y los lectores.

«Calvin y Hobbes» es una saga finita, que partió en 1985 y terminó en 1994, después de llevarse aplausos y premios con su presencia en diarios de todo el mundo. Está compilada en varios libros –uno, ganador de un Eisner Award– traducidos al español por editorial Océano, y los cuatro primeros ya están en Chile, donde las aventuras de los personajes también tuvieron su paso por un periódico.

Antes de saltar a la fama, Watterson hizo caricatura política, y ahí está la huella: la economía de recursos, el diálogo preciso, el remate rápido e inteligente del gag. «Calvin y Hobbes» sigue la mejor tradición del daily strip: las cuatro viñetas en blanco y negro con que se presentaba de lunes a sábado, y la página dominical completa y coloreada (aunque incolora en estos volúmenes en castellano) con que construyó en una década un universo que puede pasar de lo divertido a lo conmovedor sin perder lo delirante.

“¿De dónde vienen los bebés?”, pregunta el niño y el tigre mira la etiqueta de la camiseta de su amigo/dueño y responde: “De Taiwán”.

Otra: a Calvin su mamá lo baña y esa es la ocasión perfecta para convertirse en un tiburón que ataca y se oculta bajo la espuma jabonosa.

Cada historia está medida en la lógica y la inteligencia de la infancia. También en sus excesos: aquí hay pocos escrúpulos y muchos zarpazos. Entre Calvin y Hobbes, y entre Calvin y sus padres, casi siempre exasperados y disfuncionales por el hijo maldadoso, al punto de ponerse a su nivel. La infancia aquí es contagiosa y está en las antípodas de los adultos en miniatura de Snoopy y sus Peanuts, por más que sean el gran referente de Watterson.

“Los dibujos planos, simples, los niños intelectuales, el animal con pensamientos e imaginación. Todo eso es común ahora, y es difícil imaginar lo revolucionaria que fue esa tira cómica (Peanuts) en los años 50 y 60. Todo lo que sabía era que tenía una magia que otras no tenían”, señala el dibujante.

Bill Watterson marcó su propio derrotero, queda claro. Y eso incluye la manera de vender su trabajo más famoso: sin merchansiding. La regla es que no hay autorización oficial para hacer poleras, jarros, posters o agendas de los personajes. “Estoy convencido de que dar licencias (para otros usos comerciales) vendería el alma de «Calvin y Hobbes», y el mundo de una tira cómica es mucho más frágil de lo que la gente piensa. Una vez que regalas la integridad, ya está hecho. Y quiero asegurarme de que eso nunca ocurra”, ha dicho el artista, que dejó la franquicia para no quitarle su encanto. Esa magia de la niñez que proviene también de su inocencia.

Comentarios

  • "Pa' cantar de un improviso se requiere buen talento, memoria y entendimiento, fuerza de gallo castizo", Violeta Parra (1917 - 1967).
  • "Aburrimiento es el deseo por los deseos", León Tolstoi (1828 - 1910).