Regresa la obra maestra de Leoš Janácek

14/04/17 — POR
Casi dos décadas después de su estreno en nuestro país, e inaugurando  su Temporada Lírica, entre el 12 y el 22 de mayo, el Municipal de Santiago volverá a presentar «Jenufa», una de las piezas fundamentales del repertorio checo. Una nueva puesta en escena, en coproducción con el Teatro Colón de Buenos Aires, permitirá además el debut en Chile del argentino Jorge Lavelli, uno de los directores teatrales que revolucionaron los escenarios parisinos en la segunda mitad del siglo pasado.

Quienes pudieron asistir a alguna de las funciones que inauguraron la Temporada Lírica 1998 del Municipal de Santiago, de seguro no habrán podido olvidar el estreno en Chile de «Jenufa», de Leoš Janáček (1854-1928), tanto por el impacto expresivo y la belleza de su música como por la potencia teatral de su historia, muy bien traducidas respectivamente por un elenco bajo la batuta del maestro Jan Latham Koenig y por el recordado director de escena argentino Roberto Oswald, en uno de sus montajes más logrados. ¡Además, nunca se había hecho ahí una ópera checa!

Casi dos décadas después, nuevamente inaugurando la Temporada Lírica, la obra regresará en mayo a ese escenario, en una co-producción con el Teatro Colón de Buenos Aires, y de seguro conquistará a nuevas generaciones de espectadores.

Y debutando en nuestro país, otra vez la régie estará a cargo de un reconocido artista trasandino, que lleva más de medio siglo radicado en Francia: Jorge Lavelli, un nombre clave en el teatro y la ópera en la segunda mitad del siglo XX en el Viejo Continente. Toda una eminencia.

Tercera de las nueve obras para escena que compuso Janáček, «Jenufa»es sin duda la que ha logrado instalarse con mayor fuerza en el repertorio de los grandes teatros, y también es reconocida como la ópera checa más emblemática, siendo además su autor considerado uno de los tres músicos fundamentales del repertorio de esa nación, junto a Bedřich Smetana (1824-1884) y  Antonin Dvořák (1841-1904). Estrenada en Brno en enero de 1904, cuando el compositor estaba a pocos meses de cumplir 50 años, fue bien recibida, pero terminó de cimentarse más de una década después, en 1916, cuando al fin se estrenó en Praga, y en años posteriores, traducida al alemán, en Viena y Berlín.

Su título original es «Su hijastra», y el libreto escrito por el propio Janáček se basa en un drama homónimo de 1890 de Gabriela Preissová, autora que una década antes también había originado su anterior ópera, «El comienzo de un romance».

Janáček  inicia la composición en 1896, pero la abandona, retomándola en 1901 a raíz de un hecho trágico que le da su impulso creativo definitivo: la muerte en 1903 de su única hija, la adolescente Olga. Devastado por la pena, el compositor, quien ya en 1890 había perdido a su pequeño hijo Vladimir, dedica la obra a la memoria de la joven.

Tanto en el ámbito personal como a nivel artístico, «Jenufa» marca un hito decisivo para Janáček. Casi dos décadas después de componer «Sárka»,su primera ópera –que recién se estrena en 1925–, desarrolla acá el tan particular estilo musical que florecería en sus últimas dos décadas de vida, el llamado “discurso melódico”. Sus inicios compositivos, en un principio más herederos de la tradición romántica, habían ido evolucionando en un nuevo camino, y aunque aún pueden reconocerse ecos e influencias de autores como Tchaikovsky, su acuciosa investigación del folclor moravo y eslovaco es notoria en los recursos rítmicos y tímbricos; así como el texto, que llamó la atención al estar escrito en prosa y no en verso, acierta al fusionar en el canto el habla y el dialecto de su patria, lo que de cierta manera puede emparentarlo con lo que desarrolló el húngaro Béla Bartók (1881-1945).

Dividida en tres actos, la historia, que presenta elementos que permiten calificarla de “verista” (de hecho, la autora de la obra teatral se había inspirado en dos sucesos reales cubiertos por la prensa local), se ambienta en una aldea campesina, con un triángulo amoroso que tiene en el centro a la joven Jenufa, quien ama a Steva, de quien espera un hijo, pero es amada a la vez por Laca, el hermanastro de éste. El rechazo de Steva y el prejuicio social que traería un hijo no asumido desencadenará un drama a través de la madrastra de la protagonista, la estricta Kostelnicka, conocida como “la Sacristana” por su labor en la capilla local.

Esta trama, que parte de una cruda tragedia familiar para retratar la cotidianidad, podría ser manipuladora y llena de estereotipos, pero alcanza una humanidad, emoción e impacto teatral que pocas óperas consiguen, gracias al genio de Janáček. Con una sensibilidad –y hasta ternura– que se complementa con la tosca rudeza de sus campesinos, evitando las convenciones de la ópera tradicional para optar por un discurso musical más fluido, el compositor conmueve al público con una historia en torno al descubrimiento del amor verdadero a través de la culpa y la expiación.

Maestro en los retratos femeninos, acá el compositor no ofrece sólo uno, porque además de la sufrida Jenufa, destaca especialmente la intensa y compleja figura de Kostelnicka, cuyo electrizante monólogo en el muy dramático segundo acto es prácticamente el centro de la obra. A pesar de los encantadores toques folclóricos de los actos primero y tercero, desde la insistente y nerviosa percusión que guía a la orquesta en el inicio hasta el conmovedor y catártico desenlace, lo que predomina en la partitura es una inspirada y casi constante tensión dramática.

En su regreso al Municipal (con cinco funciones, entre el 12 y el 22 de mayo), la partitura estará dirigida por Konstantin Chudovsky, titular de la Filarmónica de Santiago, y contará con un elenco encabezado por Dina Kuznetsova, la soprano rusa que ya inauguró antes dos veces la Temporada Lírica del teatro precisamente con los estrenos locales de las otras dos óperas checas que se han montado ahí: «Katia Kabanova» (2014), también de Janáček, y «Rusalka» (2015), de Dvořák.

Kuznetsova debutará el rol, acompañada por cantantes como la mezzosoprano alemana Tanja A. Baumgartner (miembro del elenco estable de la Ópera de Frankfurt, y quien este año debutará en el Festival de Bayreuth), encarnando a su madrastra, y los tenores eslovacos Tomáš Juhás y Peter Berger (quien también cantó acá en la «Rusalka» de 2015). En roles secundarios estarán algunos de los cantantes chilenos más ascendentes del último tiempo, incluyendo a las sopranos Marcela González y Yaritza Véliz, y al barítono Javier Weibel. Además de una integrante del elenco de 1998, Lina Escobedo, quien en esa ocasión fue la tía de la protagonista, y ahora encarnará a la abuela.

La visión de Lavelli

Surgido de la escena del teatro independiente que floreció en los años 50 en su Buenos Aires natal, la carrera de Jorge Lavelli tuvo un gran impulso cuando en 1960, a los 28 años, obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes para estudiar durante seis meses en Francia. Pero la estadía resultó más larga de lo estimado y el director terminó radicándose en París, donde vive hasta la actualidad, y donde no tardó en ir forjando una sólida trayectoria, que primero lo cimentó en el teatro con hitos como sus montajes de obras del polaco Witold Gombrowicz, para, a partir de la década de los 70, incursionar con éxito en la ópera, con  innovadoras producciones que se convertirían en clásicos, como su «Fausto», de Charles Gounod, para el Palais Garnier, dirigiendo además en escenarios como la Scala de Milán, el Festival de Aix-en-Provence, el Teatro Real de Madrid, Liceu de Barcelona y La Fenice de Venecia, abordando desde Haendel y Mozart hasta Verdi, Puccini, Wagner, Richard Strauss y autores del siglo XX. Además, entre 1988 y 1996 fue el primer director de uno de los escenarios que llegarían a convertirse en un estandarte teatral parisino: el Théâtre National de la Colline.

Amigo personal de autores como Eugène Ionesco y Copi, distinguido con los principales honores y reconocimientos culturales en Francia (entre ellos la Orden de las Artes y de las Letras y la Orden Nacional del Mérito), tan cómodo dirigiendo a Shakespeare, Calderón de la Barca, Chéjov o Pirandello como a dramaturgos contemporáneos, como Fernando Arrabal y Tony Kushner, a sus 85 años Lavelli se mantiene vigente: por ejemplo, su producción de la popular opereta «La viuda alegre», de Franz Lehár, que en 1997 marcó el debut de esa pieza en la Ópera de París, montándose nuevamente en 1998 y 2012, podrá ser vista una vez más en septiembre próximo.

Y además ha regresado en diversas oportunidades a su país de origen, tanto en aplaudidas producciones teatrales como en ópera: ha montado tres títulos líricos en el Colón de Buenos Aires, el más reciente fue «Idomeneo», de Mozart, en 2014.Para el régisseur, su primera vez entre nosotros será una doble première: no sólo nunca ha trabajado antes en el Municipal, sino además será su debut en esta obra. Sólo abordó antes a Janáček en escena hace tres décadas, en 1986, con «El caso Makropulos», precisamente su primera dirección de ópera en el Colón de Buenos Aires. Reconoce estar muy entusiasmado con esta primera «Jenufa», y con su primera incursión en escena en nuestro país: «Debutar en Santiago es para mí… como tomar una copa de vino chileno con Pablo Neruda”, nos comenta con simpatía, cuando aprovechamos de hacerle algunas preguntas antes de su viaje a Chile.

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Jorge Lavelli

–¿Cuáles son a su juicio los principales elementos teatrales que hacen tan especiales a las óperas de Janáček en el contexto del repertorio universal?

“La teatralidad de Janáček es una constante en su múltiple producción. Es un compositor que tiene a su haber el sentido de la dramaturgia, la intuición innata de lo que se llama la revelación del comportamiento de sus personajes; se recibe (como sin querer) las fuerzas interiores que se debaten en ellos de una manera intrépida y descarnada. Si le agregamos a ello el lirismo profundo que los ilumina, podemos constatar que su música y su expresión son una vasta e imponderable manera de ‘construir’, desde lo secreto y apenas insinuado, una variedad inmensa de emociones que se desgranan y se completan”.

–¿Qué distingue las creaciones para la escena de este autor, teniendo en cuenta a otros contemporáneos suyos, que permiten, por ejemplo, a una obra como «Jenufa» mantenerse vigente más de un siglo después de su estreno?

“Janáček aporta a la ópera el sentido de la modernidad. Es cierto que otros compositores de la misma época (primeros años del siglo XX) se exprimen  también con un impulso sorprendente: Puccini, por ejemplo. Pero el insólito Janáček es como un fuego siempre vivo. Es más que lógico que se mantenga vigente, pero a la vez es revelador que su obra no tiene aún el lugar que merece en el repertorio mundial del teatro cantado”.

–¿Qué aspectos le interesa desarrollar en esta nueva producción?

“He abordado esta puesta en escena con un criterio de simplicidad material que es común en mis producciones. Trato de contar esta historia singular soslayando los lugares comunes que a menudo pueden observarse… evitando el aspecto folclórico de la historia y buscando en sus personajes lo esencial de sus motivaciones; creando a través de un dispositivo escénico reducido, lo significativo y no lo anecdótico; buscando lo que hace de un momento de violencia, un momento complementario de ternura, de sueño y de lirismo. Esta obra tan dramática me emociona y me sorprende por su optimismo y su fe en la vida. Esto… y otras cosas que tal vez se comprenderán y revelarán con este trabajo”.

 

Comentarios

  • "La duda es el origen de la sabiduría", Rene Descartes (1596- 1650), filósofo francés.
  • “Ha sido un gesto de amor, un acto provocado por el poder del arte. Seguro que el artista lo comprenderá”, joven camboyana al besar una obra de Cy Twombly en 2007