UN PUNK LLAMADO GIPI

04/09/17 — POR
Por César Gabler
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Pese a tener casi una decena de novelas gráficas publicadas, Gipi (Gian Alfonso Pacinotti) afirma no ser un experto en cómics. Un fan no lo es. Aquella declaración le sirve para zafar de la constante preocupación de los fanáticos del género por las influencias. La policía del cómic vincula a Gipi con su compatriota Hugo Pratt. Leve cuestión de estilo; como Pratt, Gipi dibuja y pinta unas imágenes más cercanas a la pintura, al esbozo, que a la vieja visualidad del cómic de manuales. Como en Pratt, hay una vocación experimental en la forma y en el relato, pero más allá de eso, la de Gipi asoma como una obra contundente y personal, un cruce de historia (con mayúscula) y esbozos de vida cotidiana. Deambulando en un mismo relato con fragmentos históricos o retazos narrativos, Gipi ha producido una obra sobre la memoria, que, pese a sus formas experimentales, logra involucrar al lector cruzando un rico sentido de la anécdota (de niños y jóvenes especialmente) con un agudo sentido del humor. Nacido en Pisa en 1963, en el seno de una familia acomodada, Gipi vivió una juventud desordenada, anárquica y punketa. Sus historias lo confirman.

NOVELA GRÁFICA

Contra lo que afirma en su nota sobre «Una historia mal dibujada», Gipi no sólo hace Novela Gráfica, va más allá y produce de verdad lo que el concepto evoca. Porque si hay algo claro, es lo amplio del concepto novela. Si además agregamos gráfica, el territorio se vuelve inconmensurable. Las novelas gráficas comunes ofrecen relatos más o menos lineales contados como siempre lo hicieron los cómics, las diferencias son temáticas o estilísticas. Gipi, en cambio, parece adentrarse en la propia estructura del relato y de la visualidad; sin la pretensión de hacerse fama de experimental, ofrece unas historias que no temen a la improvisación, al desborde y al cruce de géneros. Es un post moderno, pero no posa como tal. Al contrario, parece anclado en su pasado rockero y desgrana los relatos como canciones. Sus cruces de autobiografía, historia y periodismo tienen sangre y lirismo por igual y rehúyen siempre cualquier atisbo de tesis o ideología formal. El artista y sus personajes apuestan por la experiencia vital y antes de soltar una tesis, actúan. En eso puede acercarse al Manara más aventurero. Pero las semejanzas con Manara o con el propio Pratt sólo llegan hasta ahí. La mano de Gipi es suelta y abocetada. Sus dibujos, trazados con una línea expresiva y sinuosa, no temen al boceto y emplean con audacia la aguada y la acuarela, se acerca así al arte de su primer editor, el también italiano Igort, conocido aquí por títulos como «Cuadernos rusos» o «Cuadernos japoneses», ambos imprescindibles. Gipi es un realista en el más profundo sentido del término, por lo tanto, no es lo suyo la reproducción académica de formas y reglas narrativas familiares. Al contrario, incorpora personajes de perfiles caricaturescos con plena soltura y profunda conciencia de la estructura y del movimiento. Una gráfica cuyas formas fluyen con la misma naturalidad que los relatos.

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Dos sugerencias

Para profundizar en el mundo de Gipi editado en español por Ponent Mon y hoy por Salamandra, sugiero dos relatos.

«Una historia de guerra»

Una novela de iniciación en tiempos de Guerra. Tres chicos marginales de provincia en una Italia invadida, no sabemos por quién. Gipi imagina un conflicto bélico inspirado por una idea muy simple, mientras gozamos de nuestra vida cotidiana, en otro lugar alguien padece los horrores de una guerra. Dibujada en acuarela y en gris, «Una historia de guerra» evita el escenario de batalla, usual en el género bélico, y presenta el frente civil a través de tres jóvenes delincuentes y marginales que hacen cualquier cosa para sobrevivir: desde el robo hasta el trabajo a sueldo para un mafioso que los apadrina. Son tres amigos: Cristián, el idiota simpático; “Killercito”, chico y malo, como su sobrenombre lo hace suponer, y su némesis, Giuliano, que como en otras obras de Gipi, es su alter ego. Aquí se repite una lógica de otros relatos de este autor, el del joven burgués que hace amistad con los bajos fondos como una suerte de testigo y hasta de cómplice eventual.

«Mi vida mal dibujada»

Una amistad intensa y casi homosexual, una experiencia traumática en vacaciones de verano, una enfermedad venérea que amenaza su vida sexual, una juventud consagrada al punk y a las drogas psicotrópicas. Podría sonar terrible y turbulento –y lo es– pero se convierte en un viaje nostálgico y humorístico, cruzado de vez en cuando por un curioso y bellamente ilustrado cuento de piratas alegórico, que nos recuerda las intromisiones del mismo tipo en el clásico «Watchmen», de Alan Moore. Gipi da lecciones de cómo enfrentar el género autobiográfico sin caer en todos los clichés autocompasivos y domésticos de  tantos adeptos al género. Clásico instantáneo.

Comentarios

  • "La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga", Andy Warhol (1928 - 1987).
  • "La perfección mata, la sabiduría comete un error cada día", Anónimo.