VOTO POR EL CINE

23/11/17 — POR

O cómo ver una buena película ayuda a definir una opción que nos haga estar y ser mejores… o no…

Por Vera-Meiggs.

 

El cine es hijo, o tal vez hermano, de la democracia. Sin la difusión de las imágenes tecnológicas, el acercamiento a las fuentes del poder no habría sido posible con la efectividad con que hoy tenemos en casa el rostro de Donald Trump y sus muecas. Con ello hemos ganado el derecho de admirarlo de cerca, o no. La coronación de Isabel II en 1953 marcó un hito al ser televisada. Los conservadores vieron en esto una amenaza irreverente a la majestad del misterio divino de la monarquía. La familiaridad inadmisible de los medios también puede tener un efecto multiplicador. Lenin, Hitler, Mussolini, Franco y Stalin supieron sacar provecho de su propia imagen en pantalla. Otros descubrieron demasiado tarde su importancia cuando ya eran los villanos de todas las películas. Pero sin duda que la cercanía que la figuración en pantalla tiene con lo real ha contribuido enormemente a informarnos mejor de aquello que está más allá del alcance de nuestros ojos y a desarrollar opiniones políticas más fundadas, aunque no necesariamente mejores. El cine es siempre político, se ha dicho muchas veces y otras tantas se ha querido reducirlo a distracción pasajera para los simples, lo que también es en el fondo una acción política. A continuación, una selección de obras mayores que puede ayudar a los distintos sectores a confirmar, o no, sus posiciones.

 

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«La kermesse heroica» (Jacques Feyder, 1936).

PARA FEMINISTAS

«La kermesse heroica» (Jacques Feyder, 1936).

Cineasta y guionista eran de origen belga, lo que explica la ambientación de esta deliciosa comedia clásica que coloca a las mujeres al centro de la lucha por la paz, tema muy candente entonces y ahora. La pequeña ciudad de Boom en el Flandes del siglo XVII ocupado por España, se ve obligada a hospedar a las tropas del Duque de Olivares y todos tiemblan a causa de la fama negra que acompaña a este ejército. La mujer del Alcalde (Françoise Rosay, esposa del realizador) hace pasar por muerto a su marido y con el resto de las mujeres organiza una recepción que derivará en una amable bacanal que dejará a todos muy contentos, excepto a los maridos, obviamente. Los debates políticos no se hicieron esperar, como tampoco el éxito, y los nazis obligaron a los Feyder a huir de Francia durante la guerra: habían sido condenados a muerte por el chistecito.

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«Iván el terrible» (Sergéi Eisenstein, 1945).

PARA CONSERVADORES

«Iván el terrible» (Sergéi Eisenstein, 1945).

Marxista leninista, soviético y estalinista, es como definía oficialmente su vocación el gran Sergei Eisenstein y quiso hacernos creer que su cine era lo mismo. Pero en tiempos totalitarios cuidar el pellejo es prioridad humanitaria. Las dos partes de esta monumental obra fueron financiadas por José Stalin, la tercera nunca vio la luz y la segunda se pudo estrenar sólo años después que el dictador ya estaba muerto. Y Eisenstein también. Y es que las verdaderas obras de arte están siempre más allá de cualquier ideología. La imagen tiránica de Iván IV, el zar unificador, pretendía ser el espejo necesario para que la URSS viera un ejemplo histórico que justificara los desmanes de su hora presente, pero la película alcanzó tales dimensiones estéticas y complejidades de significado, que la hicieron incómoda al régimen. La deslumbrante belleza de la artificiosa puesta en escena y sus espectaculares batallas y escenas corales la hacen una obra tan radicalmente política que el tiempo sólo ha favorecido sus posibles interpretaciones. ¿Monumento al autoritarismo o su mayor denuncia? ¿Ejemplo de arte oficial nacional-popular o alegato sobre la conciencia individual? ¿Ópera épica o vacuna contra los dogmatismos? ¿Defensora del statu quo o revolucionaria? Lo que fuere: sigue siendo imprescindible.

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«Suite Habana» (Fernando Pérez, 2003)

 

PARA IZQUIERDISTAS

«Suite Habana» (Fernando Pérez, 2003).

Nada mejor para vacunarse contra las infecciones del exceso que un poco de la propia medicina. La película es cubana y financiada por el Estado, que es la única manera de hacer cine en la isla amable. Y, sin embargo, alcanza ápices muy críticos a la deshumanización de un sistema político que ha durado más que su utilidad. Un día cualquiera en La Habana, varios personajes anónimos viven su cotidianeidad con la resignada expresión de quien sabe que este será un día como tantos otros: precario, anodino, sin ilusiones. A poco andar, se comienza a definir un tono dominante: la melancolía. Esto no excluye alguna expresión vital, propia de lo cubano, pero el material central de las acciones permanentemente paralelas es una vaga y persistente tristeza, que envuelve de paradójica belleza toda la pobreza material de estos personajes, silenciosos y siempre dignos, que tienen que vender maní en la calle durante la ancianidad, o que van a la escuela y obtienen satisfactorios resultados siendo un niño Down. Conmovedora por su sinceridad es la escena de la separación en el aeropuerto, que nos habla críticamente de un país carente ya de verdaderas ilusiones. En el segundo plano se entrevé la propaganda oficial y los tenaces íconos revolucionarios. Situada en la fértil zona limítrofe entre el documental y la ficción, «Suite Habana» es uno de los más emocionantes logros del cine cubano reciente.

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«Las manos sobre la ciudad» (Francesco Rosi, 1963).

 

PARA LOS CENTRISTAS

«Las manos sobre la ciudad» (Francesco Rosi, 1963).

Hijo del Neorrealismo, Francesco Rosi no se ahorra estrategias para hacer de su denuncia un relato extraordinariamente convincente, donde el más de medio siglo desde su estreno se nota sólo en la música y tal vez la fotografía en blanco y negro. El constructor Nottola (Rod Steiger) gana millones en una Nápoles que requiere renovación habitacional, aun a costa de dejar caer edificios viejos con habitantes dentro. La especulación edilicia es denunciada por un concejal comunista y se ordena una investigación que dará luces sobre los negligentes manejos de la Municipalidad, pero Nottola se presentará de candidato, traicionando a la derecha y corrompiendo al partido de centro. Extraordinaria vitalidad de realización, inteligente guión y con un espectacular derrumbe de construcciones que recuerda al reciente terremoto mejicano. León de Oro en Venecia.

 

«Stalker» (Andrei Tarkowski, 1979).

«Stalker», (Andrei Tarkowski, 1979).

 

PARA ECOLOGISTAS

«Stalker» (Andrei Tarkowski, 1979).

La creación de una zona prohibida en la que un desastre nuclear ha creado un caos difícilmente comprensible, se filmó siete años antes que Chernobyl estallara y fue causa de la definitiva incomprensión entre Andrei Tarkowski y su patria, lo que en pocos años se transformó en exilio. Un guía conduce a un Escritor y a un Científico a la Zona de una misteriosa habitación que cumple los deseos de quien logra llegar hasta ella. El recorrido no es fácil y el paisaje es la ilustración de un sueño surrealista en la que la naturaleza se rige por leyes diferentes y autónomas a las necesidades humanas. Bella y misteriosa, la película es algo más que una parábola filosófica, como la quería su autor, es también una exploración de las permanentes contradicciones del alma humana y su relación con la indomable Naturaleza, totalmente indiferente a nuestras mezquinas ambiciones y a nuestras aspiraciones de trascendencia. La constante presencia del agua y de la hierba dan un tono ensoñado a la película, de gran atractivo visual y poético.

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«El político» (Robert Rossen, 1949).

 

TAMBIÉN LOS ABSTENCIONISTAS

«El político» (Robert Rossen, 1949).

Hacia fines de los 40, Estados Unidos estaba sumido en un período negro de su democracia. La histeria anticomunista arrasaba el país y la desconfianza sobre el sistema político alcanzó proporciones de las que este filme supo hacerse cargo, triunfar y ganar el Oscar a la Mejor Película. Influenciada por el Neorrealismo italiano, la cinta adelanta muchos de los temas que se desarrollarán con posterioridad en el cine político europeo y que marcarán al cine latinoamericano. Aún hoy es una inteligente denuncia sobre la corrupción por el poder y también sobre la importancia de sanear las instituciones de un país. Desgraciadamente, personajes como el protagónico son hoy el pan cotidiano en nuestra televisión. Por eso hay que ir a … botarlos … votarlos … ¿o no?.

Comentarios

  • "Los hombres no cambian, se desenmascaran", Germaine de Staël (1766- 1817), escritora francesa.
  • “Muchas veces no hay guión ni nada. El guión lo hago al final. He llegado a hacer películas en dos días y medio”, Raúl Ruiz (1941-2011).